AREQUIPA: SALUD EN EMERGENCIA Y SIN SOLUCIONES

Por: Carlos Meneses

Cuando un paciente oncológico pierde continuidad en su tratamiento o un niño quemado debe abandonar una cama antes de tiempo, el problema deja de ser administrativo. Se convierte en una amenaza directa contra la vida. Y mientras Arequipa espera respuestas, la salud sigue colapsando delante de todos.

Que pacientes con cáncer tengan que salir a protestar para exigir radioterapia y que niños quemados sean dados de alta antes de completar su recuperación por falta de camas son hechos que deberían provocar una reacción inmediata de las autoridades. Sin embargo, en Arequipa ocurre exactamente lo contrario: el colapso del sistema de salud avanza frente a la indiferencia política e institucional.

La crisis ya no distingue entre EsSalud y el Ministerio de Salud. Ambos sistemas muestran señales alarmantes de deterioro, abandono e incapacidad de respuesta. Mientras en EsSalud el acelerador lineal del Hospital Carlos Alberto Seguín Escobedo permanece averiado y obliga a suspender tratamientos oncológicos, en el hospital Honorio Delgado los médicos deben decidir qué paciente ocupa una cama y cuál debe irse antes de tiempo para liberar espacio.

Lo ocurrido en la Unidad de Quemados del Honorio Delgado resulta estremecedor. Una niña de apenas dos años con quemaduras graves no pudo ingresar de inmediato al área especializada porque todas las camas estaban ocupadas. Para atenderla, los médicos tuvieron que adelantar el alta de otra paciente que aún requería permanecer hospitalizada. Es decir, el sistema ya funciona bajo criterios de emergencia permanente, donde la prioridad no es garantizar una recuperación adecuada, sino sobrevivir al siguiente colapso.

Esa no es medicina digna. Es administración de crisis extrema.

La Unidad de Quemados cuenta con apenas 10 camas cuando necesita al menos 25 para responder a la demanda del sur del país. Allí llegan pacientes de Arequipa, Puno, Moquegua y Tacna. El personal médico trabaja al límite, sin suficiente infraestructura, especialistas ni capacidad operativa. Y aun así, las autoridades siguen actuando como si se tratara de problemas aislados y temporales.

En EsSalud el panorama no es menos grave. Pacientes con cáncer denuncian retrasos desde hace meses en sus sesiones de radioterapia debido a constantes fallas del acelerador lineal, un equipo con 16 años de antigüedad que colapsa repetidamente. La respuesta institucional ha sido tercerizar el servicio con una clínica privada, una salida provisional que evidencia el fracaso de la gestión pública para garantizar atención especializada.

A esto se suma el desabastecimiento de medicamentos e insumos médicos, que compromete cirugías y tratamientos diarios. La salud pública en Arequipa está atrapada entre equipos obsoletos, hospitales saturados, burocracia paralizante y autoridades ausentes.

Lo más indignante es el silencio. Ni EsSalud ni el Gobierno Regional ofrecen soluciones estructurales. No existen anuncios concretos de inversión urgente, ampliación hospitalaria o renovación tecnológica. Solo explicaciones, derivaciones y promesas.

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