CRISIS EN EL HDE, INCAPACIDAD DEL GOBIERNO REGIONAL
Por: Carlos Meneses
La salud pública no puede administrarse con improvisación. Cuando faltan equipos esenciales en un hospital de referencia, no estamos ante una deficiencia técnica: estamos frente a una negligencia institucional que tiene responsables. Y mientras las autoridades no asuman esa realidad, quienes seguirán pagando las consecuencias serán los pacientes.
Resulta difícil encontrar una explicación razonable para que el Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza, principal centro de referencia del sur del país, no cuente con un endoscopio alto ni un colonoscopio operativos para atender emergencias digestivas. Lo que ocurre hoy no es una falla técnica aislada ni una avería reciente. Es la consecuencia de años de desidia administrativa, falta de gestión y una alarmante indiferencia frente a necesidades médicas básicas.
La situación quedó expuesta de la manera más preocupante: un niño de apenas dos años que había ingerido una moneda tuvo que ser derivado al Hospital Goyeneche porque el Honorio Delgado no estaba en condiciones de atenderlo. En cualquier sistema de salud mínimamente eficiente, un caso de esta naturaleza debería resolverse de inmediato en el hospital regional. En Arequipa, en cambio, la respuesta fue trasladar al paciente y esperar que otro establecimiento asuma una responsabilidad que no le corresponde.
Lo más grave es que no se trata de un hecho excepcional. Los médicos advierten que cada mes llegan decenas de niños con cuerpos extraños alojados en el aparato digestivo, además de pacientes adultos con hemorragias digestivas, sospechas de cáncer de colon y otras patologías que requieren procedimientos endoscópicos urgentes. Sin embargo, el principal hospital de la región carece de herramientas básicas para actuar.
La responsabilidad política tiene nombre y apellido. El Gobierno Regional de Arequipa no puede seguir escudándose en trámites, expedientes o proyectos futuros. Los especialistas aseguran que el problema ha sido advertido durante años y que las autoridades conocían perfectamente las limitaciones del servicio. Aun así, la adquisición de equipos nunca se concretó.
Mientras tanto, el discurso oficial suele centrarse en anuncios, inauguraciones y promesas de modernización hospitalaria. Pero la realidad es más dura y menos fotogénica: médicos obligados a trabajar sin equipamiento indispensable, pacientes derivados por carencias evitables y familias que enfrentan mayores riesgos por decisiones administrativas que nunca llegaron.
La falta de un endoscopio no es simplemente la ausencia de una máquina. Significa perder tiempo valioso ante una hemorragia digestiva, retrasar el diagnóstico de un cáncer o poner en riesgo la vida de un niño que requiere atención inmediata. Cada derivación representa una oportunidad perdida para actuar a tiempo.
El Honorio Delgado atiende a pacientes de Arequipa, Moquegua, Tacna, Puno y otras regiones del sur. Si un hospital de esa magnitud no puede responder a emergencias digestivas previsibles, entonces el problema trasciende al establecimiento y revela un fracaso de gestión regional.
