INTI RAYMI PARA COMPRENDER EL PRESENTE
Por Ricardo Lucano

Cada año, al llegar el Inti Raymi, miles de personas observan la recreación de una de las ceremonias más emblemáticas de la historia peruana. Sin embargo, la celebración suele quedar reducida a una evocación turística o patrimonial de un pasado glorioso. Admiramos a los incas y exaltamos su legado, pero como algo que pertenece exclusivamente a los libros de historia y que no forma parte de nuestro presente. Así, la identidad peruana se comprende a menudo a través de imágenes simplificadas: Machu Picchu, tejidos coloridos, llamas y ruinas arqueológicas. Se olvida que estamos frente a una de las grandes tradiciones civilizatorias de la humanidad, contemporánea en profundidad histórica y complejidad cultural con Egipto, Mesopotamia, China o el valle del Indo. Quizá uno de los efectos más duraderos de la colonización fue convencernos de que esta civilización desapareció, cuando muchas de sus formas de comprender la comunidad, la memoria y la existencia siguen vigentes en nuestras ciudades y regiones.

El problema radica en interpretar nuestra realidad desde categorías occidentales que no siempre logran expresar su riqueza conceptual. De este modo, cuando una idea surge de Europa recibe el nombre de cultura y filosofía, mientras que cuando es autóctona se le reduce a tradición, costumbre o folclore. Convivimos con una forma de pensamiento viva, pero insistimos en contemplarla como una reliquia inerte.

Esta limitación se observa claramente en el lenguaje. Conceptos como ayllu suelen traducirse simplemente como «familia» o «comunidad», aunque en realidad expresan una compleja red de relaciones de reciprocidad, responsabilidades compartidas y vínculos con el territorio. Dentro de esta organización adquirían sentido prácticas como la minka, el trabajo comunal en beneficio colectivo, y la mita, entendida originalmente como una prestación rotativa de servicio para obras públicas antes de su distorsión colonial.

Lo mismo ocurre al comprender el tiempo. Mientras la tradición occidental imagina el futuro delante y el pasado detrás, en el pensamiento peruano originario ocurre lo contrario: el pasado está delante porque ya fue visto y conocido, mientras que el futuro permanece detrás porque todavía no puede observarse. No se trata de una curiosidad lingüística, sino de una forma distinta de situarse en el mundo, donde la experiencia acumulada y la memoria de los ancestros orientan las decisiones del presente.

Estos saberes propios no desaparecieron con la conquista. Permanecieron en la medicina tradicional, los conocimientos agrícolas, la observación astronómica y en sistemas de registro como los quipus y tocapus. Asimismo, se manifiestan en conceptos filosóficos donde la noción de verdad se vincula no solo a la comprobación de hechos, sino al equilibrio social. Ocurre también con la categoría de Pacha, la cual, más que una simple referencia a la naturaleza, integra espacio y tiempo en una unidad inseparable. Aquí, la relación con el entorno no es de dominio, sino de reciprocidad: la tierra protege, pero exige cuidado.

Por ello, el Inti Raymi debería invitarnos a algo más que a contemplar una ceremonia antigua; debería impulsarnos a revisar desde dónde estamos mirando al Perú. El verdadero riesgo no es interpretar mal el ayer, sino seguir sin comprender el presente. Seguimos viendo folclore donde hay filosofía y pasado donde existe un presente con proyección al futuro. La mejor manera de conmemorar esta fecha es reconocer que el mundo peruano constituye una matriz viva de pensamiento; una tradición intelectual que, lejos de haberse extinguido, sigue hablando con voz propia.

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