El cobre no puede vivir solo del precio

Por: Carlos Meneses

Por ello, la prioridad debe ser clara: acelerar la exploración, impulsar nuevos proyectos y garantizar condiciones que permitan ampliar la producción. La región tiene la oportunidad de aprovechar un momento excepcional del mercado mundial. Pero para convertir esa oportunidad en desarrollo sostenible, necesita más cobre en sus minas y no solo mejores precios en las bolsas internacionales. Sólo así Arequipa podrá consolidar su liderazgo minero y asegurar beneficios duraderos para su población.

Arequipa enfrenta una paradoja que merece atención. Mientras el cobre alcanza algunos de los precios más altos de los últimos años en los mercados internacionales, la producción regional del metal continúa disminuyendo. Esta realidad evidencia una verdad que no puede pasar desapercibida: los buenos precios ayudan, pero no sustituyen la necesidad de producir más y asegurar la sostenibilidad de la actividad minera.

Las cifras son claras. Durante más de dos años consecutivos, la extracción de cobre en la región ha mostrado variaciones negativas. Entre octubre de 2024 y abril de 2026, las caídas interanuales fluctuaron entre 0,3% y 22,5%, reflejando un debilitamiento progresivo de la capacidad productiva. No se trata de una situación coyuntural ni de un problema aislado, sino de una tendencia que responde a factores estructurales propios de la actividad minera.

Uno de ellos es el agotamiento natural de los yacimientos en explotación. A medida que las minas avanzan en su ciclo de vida, la concentración de cobre en el mineral extraído disminuye, obligando a procesar mayores volúmenes de roca para obtener la misma cantidad de metal. Esta realidad impacta directamente en la eficiencia y limita el crecimiento de la producción.

A ello se suma otro factor preocupante: aunque las inversiones mineras continúan llegando a Arequipa, gran parte de estos recursos se destinan a la optimización de plantas y adquisición de equipos. Son inversiones necesarias, sin duda, pero insuficientes para garantizar el crecimiento futuro si no van acompañadas de una expansión de las actividades de exploración y del desarrollo de nuevas áreas de explotación.

La minería sigue siendo uno de los principales motores económicos de Arequipa. Su influencia trasciende la extracción de minerales. Genera empleo, dinamiza el transporte, impulsa la construcción, fortalece los servicios especializados y sostiene a cientos de proveedores locales. Por ello, cuando la producción disminuye, los efectos se sienten en toda la economía regional.

Es cierto que el contexto internacional ofrece un respiro. El precio del cobre ha superado los 6 dólares por libra, impulsado por la transición energética global, el crecimiento de las energías renovables y la demanda de tecnologías vinculadas a la electrificación. Gracias a ello, las empresas pueden compensar parcialmente la reducción de los volúmenes extraídos y el Estado continúa percibiendo recursos por canon y regalías.

Sin embargo, confiar únicamente en los altos precios sería un error. El mercado del cobre es históricamente volátil y depende de factores económicos y geopolíticos que escapan al control regional. Hoy los precios favorecen a Arequipa; mañana podrían no hacerlo.

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