PRIORIDAD PARA EL NUEVO GOBIERNO

Por: Javier Del Río Alba Arzobispo de Arequipa

En los medios de comunicación y las redes sociales se viene publicando numerosos comentarios sobre cuáles deben ser las prioridades del gobierno que comenzará este 28 de julio. Comentarios de políticos y politólogos de derecha, izquierda y de centro, comentarios de autoridades, representantes de gremios, empresarios, emprendedores y ciudadanos en general. Prácticamente todos coinciden en que el Perú está pasando por una situación de crisis. Unos hacen énfasis en la crisis del sistema educativo, otros en la del sector salud, otros en las brechas sociales, la inseguridad ciudadana o la falta de institucionalidad. En fin, una serie de crisis, a partir de las cuales proponen otras tantas prioridades; pero me llama la atención que ninguno mencione la que, a mi parecer, debe ser la primera –aunque no única, por cierto– prioridad del nuevo gobierno: el fortalecimiento de la familia.

Siempre se ha dicho que la familia es la célula básica de la sociedad. Resulta lógico, entonces, que si la familia entra en crisis también la sociedad lo haga. porque no tiene ese fundamento que la sostenga. Como enseña el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia: «La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad» (n. 213). Lamentablemente, desde hace un buen tiempo se viene introduciendo en nuestro país ciertas ideologías que atentan directamente contra la familia y la destruyen, con trágicas consecuencias para los esposos y sobre todo para los hijos, lo cual necesariamente repercute en la entera sociedad. Frutos envenenados de esas ideologías son el así llamado “derecho a rehacer mi vida”, amparado en el cual uno de los cónyuges abandona al resto de la familia; la normalización de las relaciones sexuales fuera del matrimonio junto con el uso de anticonceptivos y el pretendido “derecho al aborto”, que no es otra cosa que asesinar a un niño indefenso en el seno de su madre; los intentos de equiparar el matrimonio con otro tipo de uniones, incluidas aquellas entre personas del mismo sexo; la mentalidad de que los ancianos y enfermos son un peso que hay que eliminar a través de la eutanasia o el suicidio asistido; la falta de atención de los padres a la educación de sus hijos, etc.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la familia es una institución creada por Dios desde el mismo momento en que creó al hombre y puso en el varón y la mujer la llamada a hacerse una sola carne y reproducirse, lo cual lleva consigo educar a los hijos y transmitirles la fe. En ese contexto, conviene meditar sobre el modo en que se está llevando la vida familiar y en lo que hace dos años dijo el Papa Francisco: «papá y mamá deberían tener tiempo para compartir con los hijos, para acrecentar el amor familiar» (Angelus, 21.VII.2024).  Los hijos necesitan recibir de sus padres y abuelos los valores humanos y cristianos, crecer en el seno de un hogar en el cual experimenten el amor y se ejerciten en él, en la ayuda mutua y la búsqueda del bien común. Familias unidas podrán forjar un buen futuro para la sociedad. Y para mantener la unión familiar, nada mejor que poner en el centro a Dios.

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