El arte es el lenguaje común de la humanidad
El teatro, la literatura y el cine trascienden idiomas y culturas abordando conflictos que nos unen
Por: Daniela Nickole Santander
¿Qué es lo que realmente nos separa de un ciudadano al otro lado del mundo? A primera vista, la respuesta parece obvia, una masa oceánica, un lenguaje, los apellidos o nombres que son distintos. Sin embargo, cuando se encienden las luces de un teatro, se abre la primera página de una novela o se proyecta una película, esas barreras se diluyen por completo. En esencia, somos el mismo ser humano con los mismos conflictos.
La capacidad de conectar con una historia no depende de la geografía. El director de teatro Jota Mirman explica cómo una obra del autor ruso Fiódor Dostoievski puede llegar a ser plenamente visible y viable en el Perú. Esto ocurre porque las grandes obras maestras son atemporales; mantienen una vigencia generación tras generación debido a que el hombre sigue cometiendo los mismos errores sociales. A pesar del avance a nivel de pensamiento y de tecnología, nuestras conductas más viscerales o instintivas nos limitan, llevándonos a fragmentar la sociedad y abriendo brechas que nos distancian.

Este fenómeno de ida y vuelta también funciona a la inversa. Mirman sostiene que las historias de autores peruanos son tan contundentes que pueden ser llevadas a las tablas en países como Rusia o Inglaterra. Un claro ejemplo es Paco Yunque de César Vallejo, una obra impactante que aborda la marginación, el desprecio, las brechas y la lucha de poderes, demostrando que estos conflictos se asimilan desde la niñez a través de las conductas familiares.
Del mismo modo, el director destaca que obras como Los Ríos Profundos de José María Arguedas, La Chunga de Mario Vargas Llosa, o la propuesta contemporánea El Sistema Solar de Mariana de Althaus, tocan temas universales. En todas las estructuras sociales del mundo las constantes son las mismas; lo único que nos distancia es el territorio, los apellidos y el lenguaje.
Por su parte, el escritor Jorge Malpartida Tabuchi complementa esta visión de universalidad enfocándose en la riqueza del propio territorio peruano. Para Malpartida, descentralizar el mapa de las letras nacionales implica derribar los complejos de inferioridad que a veces se imponen desde los circuitos comerciales convencionales. El autor defiende firmemente que el talento regional posee la madurez para consolidarse en cualquier vitrina nacional o internacional sin perder su identidad, rompiendo con clasificaciones excluyentes. Este panorama se extiende de igual manera al cine. Malpartida, en su faceta de cinéfilo, argumenta que los cineastas están creando obras potentes desde sus propios espacios y desde su identidad, pero con un impacto completamente universal. Ser de Puno, Arequipa, Cusco o Lima no condena al artista a tocar temas limitados o locales; la importancia del arte radica en que, desde donde sea que labores tus historias, puedas conmover a alguien en cualquier otro idioma, siempre y cuando te entiendan.

Al final, las historias que elegimos contar y escuchar funcionan como un hilo invisible que une los puntos más distantes del mapa y de la historia. No importa si la narrativa nace en las frías calles de Rusia, en las aulas andinas, o en el encuadre de una película filmada en los paisajes de nuestras regiones; el arte siempre encuentra la forma de conmovernos en cualquier idioma. Revalorar la cultura, el teatro y las letras es, en última instancia, recordar que ninguna frontera es lo suficientemente fuerte como para apagar nuestra necesidad de entendernos, de sanar juntos y de reconocernos en la mirada del otro.
