SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRO ESFUERZO DIARIO QUE NOS PERMITE AVANZAR MÁS RÁPIDO
Por: Dr. Juan Manuel Zevallos.
En verdad adoro mis falencias, mis defectos físicos y mis cicatrices, los hechos que he vivido y la actitud que ha tenido la gente conmigo. Si no adorará todo aquello que hay en mi patio trasero no podría amarme y eso sí sería triste.
Reconozco que ha sido un proceso difícil, he tenido que mirarme mil veces ante un espejo y los he tenido que romper todos. Realmente no somos aquello que reflejamos en un cristal, somos una constelación de creaciones invisibles que difícilmente pueden ser percibidas por un reflejo o por la conciencia distorsionada y/o confundida de la gente. Es difícil apreciarnos a plenitud y por consiguiente es más complicado para otro ser humano poder apreciar las grandezas que tienes.
Nuestra visión mental y física al parecer fue hecha a apreciar solo lo grotesco, lo grosero, lo imperfecto. Nuestro corazón emocional y nuestra alma tienen aquella visión espiritual que nos permite ver más allá y encontrar la belleza de cada persona.
A lo largo de la vida la gente se acostumbra a pensar y a sentir en base a su visión mental y física. Por eso somos tan criticones y por aquella mala costumbre asumida percibimos siempre lo peor de todos. Somos seres que albergamos en nuestra mente una serie de posiciones críticas negativas respecto a todo aquello que pueda suceder, escribimos día a día memorandos de llamadas de atención hacia aquellos que nos envuelven y por cierto y en mayor cantidad, a nosotros. Cada uno somos destinatarios finales al final de cada estación de millones de llamadas de atención sobre nuestra conducta, hábitos alimentarios, modos de interrelación y hasta por pensar. Nos tratamos mal, evidencias cada falta como si fuera un bosque y cada virtud como si esta fuera una simple semilla. Tendemos a distorsionar la capacidad de apreciación del mundo y no nos damos cuenta de ello.
Yo era una de ustedes por mucho tiempo, no me cansaba en llamarme Cenicienta de barro y destruía la pobre imagen que había tenido el día de ayer. Me destruía implacablemente y todos al parecer se alegraban por ello. Claro, si cada día eres menos que otro que también se destruye, pues estamos cada día en el mismo lugar de comparación.
Un día abandoné esa tragicomedia y me arropé de amor personal. Dejé de compararme con otro ser humano y dejé de maltratarme. Desde ese lejano día me vengo a tratar de la mejor manera que puedo, le hablo al espejo que hay en mi habitación y le pregunto: “espejito, espejito, dime la verdad ¿quién es la más bonita?” y luego complemento mi interrogante con la respuesta más lógica “pues tú, mi querida Cenicienta”. Si no me trato ¿quién podría tratarme bien? ¿Si no evidenció actos de amor personal como podría valorarme realmente?
La verdad es que llegó una época en mi vida en que rompí todos los espejos en donde me contemplaba. Ahora ya no busco verme en ninguno ni destruir nada, he descubierto que siempre estuve aquí, maravillosamente ataviaba con la luz del sol y la nostalgia de la noche. El reflejo en un cristal es simplemente una creación mental que nada tiene que ver con lo que somos y por ende no es importante.
Ya no necesito preguntar por “la chica más bonita del mundo” pues ya la he encontrado. Estaba aquí, conmigo, acompañándome en tantas aventuras y yo sin darme cuenta.
Ahora tengo una mágica razón para vivir. No tengo un ego exaltado, más bien, mi ego ha muerto al dejar de creer que soy alguien que no soy. Yo soy yo.
Nunca tuve buena ni mala suerte en la vida. La suerte es otra construcción de la mente que busca hacernos sentir bien y también mal. No somos depositarios de ninguna buena ni mala fortuna. Somos accesitarios de una realidad en base a leyes de existencia que aún desconocemos. Lo único que pude extraer de mi tiempo de meditación y diálogo profundo fue una máxima que decía: “aquel a quien más se da, más se le exigirá”.
Aun no puedo entender bien esas palabras. No sé si he recibido mucho o poco en la vida. Materialmente quizá sea poco, pero el haber descubierto mi verdad más profunda me da el bien que muchos buscan y que pocos alcanzan. Quizá en verdad haya ya recibido mucho y por eso hoy diálogo con ustedes el descubrimiento que hice.
Siempre lo supe: fuimos hechos de amor y de llamadas de felicidad.
Hoy he vuelto a recordar el día que fui creada y siento el amor de aquel que nunca me abandono. Gracias por este regalo.
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He dejado de ser un ser que molesta y he pasado a ser un ser que valora lo que hace. Lo que sucede en mi entorno siempre será bueno para mí, aunque hoy no tengo el conocimiento necesario para entender esa bondad. Ya no me resisto a los cambios del mundo y disfruto por igual un día de sol como uno de lluvia, aunque estos trastoquen todos mis planes.
Me he reconciliado con cada uno de los hechos de los cuales está hecho mi vida y por ende me he reconciliado conmigo. Ahora vivo en comunión, he generado una reingeniería de mi mente y he reciclado cada experiencia. Ahora sé que cada historia tiene una moraleja y que cada encuentro personal es un regalo de Dios.
No me auto compadezco, pero a veces me digo: ya no eres un hijo maltratado por las ideas de tus padres. Sé que esta verdad que he alcanzado mañana puede cambiar como ha cambiado tantas cosas en vida, pero también debo de reconocer que la verdad nunca cambiará.
Sé que no hay mejor modo de encontrar algo nuevo en nuestro ser que ayudar a otro a salir de una situación difícil. He descubierto que hay muchos caminos para llegar a nuestra alma y que el silencio y la solidaridad actúan por igual. A veces me siento triste, pero me alegro por poder sentir. Muchas veces me siento alegre y doy gracias por todo lo que aprendí.
