El último adiós a la cantante arequipeña Rosita Vento

Una mujer que dejó en alto el nombre de Arequipa.

Por Danna Felipe

Entre lágrimas y un vacío indescriptible, una familia y toda Arequipa despidió a una de sus entrañables voces. Rosa Amelia Vento Pinto fue una mujer que dedicó gran parte de su vida a engrandecer la música arequipeña. Una mujer que se sentía orgullosa de la tierra de donde venía. Un honor era para ella representarla a través de su arte. Cantar sintiendo y conmover al público es un talento humano digno de aplaudir de pie. Rosita era uno de los seres en el mundo que lograba hacerlo. Este jueves 30 de julio nos despedimos de esa gran mujer.

Rosita nos dejó ayer 29 de julio. La familia y sus amigos la velaron recordando su sonrisa y por supuesto su voz entrañable a la dama blanca Arequipa.

La familia nos cuenta que Rosita amaba Arequipa. Un honor era para ella cuando la invitaban a cantarle. En cada presentación la mujer daba todo de su ser. Su objetivo era que el público la acompañase en cada nota, no que la espectara. La artista no quería sentirse sola, quería sentirse parte.

Asimismo, nos cuentan que la mujer siempre fue cercana a la juventud, ya que creía firmemente que en esos caballeritos y damitas estaba el futuro de su querido Perú, que ellos debían conocer primero el arte que se hacía en el país, quererlo, amarlo y cantarlo con orgullo; el criollismo era parte del ser de cada peruano, que una gran mentira era que para cantar hay que afinar, puesto que para Rosita primero hay que sentir.

El amor a la patria era parte de su misión en esta vida y la cumplió hasta el fin de sus días. Así lo afirman sus seres queridos y todo arequipeño puede confirmarlo.

Según decía Rosita, la música arequipeña debe estar presente en cada fiesta. No es posible que se conozca y disfrute lo externo antes que lo propio. Una responsabilidad con la patria que las autoridades deben asumir.

Rosita se sentía feliz de subirse a un escenario y entonar las sagradas notas de su tierra, que el público la acompañase.

Fuera del escenario Rosita seguía siendo Rosita Vento. La familia asegura que no había diferencia. Una mujer amante del arte y de la patria, amor que transmitió a los que pudo, que siempre decía que Arequipa era su amada casa y por ende merecía el trato digno de una dama, que Rosita era carismática y sonriente y por todas esas bonitas virtudes la van a extrañar mucho.

La mujer nos dejó ayer y con ella se llevó parte del corazón de cada habitante de esta tierra al pie de un volcán. Su muerte fue dolorosa. A puertas de que Arequipa inicie otro mes de aniversario, pero esta vez sin su presencia.

La familia y amigos nos dicen que estará espectando cada festejo desde el cielo y dicen la verdad, ya que un alma como la de Rosita merece ascender y protegernos. Con mucho tristeza nos despedimos de esta mujer que dejó en alto el nombre de Arequipa. Muchas gracias Rosita. Puedes descansar en paz.

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