Los toros de pelea, los arquitectos

de nuestras campiñas y andenerías

Nuestro agro y cultura se desarrollaron con el avance de su arado.

Por: Adrian Quicaño Portugal


Datos innegables en la historia de los toros de pelea refieren que están directamente vinculados a la agricultura; son ellos los que labraron incansablemente construyendo así nuestras campiñas y andenerías, las yuntas con cada paso dieron progreso a los arequipeños. Tras la llegada del ganado vacuno de Europa, este se llevó por todo el Perú por los años 1550. Sin embargo, en Arequipa se trajo no solo ganado para carne, también los toros de lidia, y las tradiciones de los españoles se acentuaron en diversas partes de la región. Estos animales, conocidos por su bravura, eran en sus inicios para entretenimiento en las corridas.

Con el tiempo, las vastas llanuras de diversos sectores dieron paso a territorio agrícola; con ello la mezcla de diversas líneas de vacunos dio inicio a la genética de los toros de pelea. Ahora estos animales eran parte de las labores del campo; largas jornadas de arar les dieron la musculatura y fuerza características, siempre conservando ese coraje tan propio.

Este sistema de trabajo se diseminó por toda Arequipa, una ciudad eminentemente agrícola. Los toros estaban presentes en todas las chacras. Sobre el origen de las peleas como tal, no existe una historia o estudio claro, pero todos los agricultores y criadores de antaño refieren que lo más acertado es pensar que de vez en cuando los animales se escapaban y, al encontrar otro toro en chacra ajena, lo enfrentaban. También muchas de estas fugas eran producidas por una hembra en celo, entonces los combates eran más aguerridos.

Hay también quienes refieren que ese espíritu combativo de los astados hacía que los dueños los hicieran topar para acabar con rencillas entre la pareja de toros que conformaba una yunta. Así era más fácil controlarlos al momento de arar la tierra.

Sean esas o más las causas, lo cierto es que esas batallas encandilaron a los arequipeños apenas las vieron; el toro ya no era un animal de labranza, se convirtió en el guerrero favorito de los mistianos. En la casa las cosas cambiaron: lejos de ser una herramienta o un pedazo de carne, ahora eran los consentidos de la casa y miembros de la familia, ya que en cada contienda el animal llevaba el apellido y orgullo de la familia.
Con el tiempo el amor se convirtió en pasión. Cada familia quería tener su toro y todos los distritos querían tener su campeón. Ese toro que nos representa por su energía, por su carácter y su valor supremo: la nobleza.

Hay muchos datos curiosos que siempre se dicen de ellos. “Cuando un toro le pega a otro toro nunca más le vuelve a pegar”; esta frase tiene algo de razón, ya que el toro nunca ha sido abusivo con sus símiles, pero eso no significa que el perdedor ya no vuelva a plantar cara ante un nuevo reto. Los toros arequipeños saben levantarse de una derrota, como bien narra el doctor Juan Andrés Ramos Arapa, presidente de la Asociación de Criadores, Propietarios y Aficionados de Toros de Pelea de Arequipa (ACPATPA).

“Los toros nunca atacan a los niños porque saben que son niños”. En el hogar el toro es un miembro de la familia más y sabe perfectamente identificar a cada familiar. Suele pasar que cuando un toro gana, muchos niños quieren acercarse al animal, tocarlo aun sin conocerlo. Esto puede parecer muy peligroso, pero la verdad es que no pasa nada malo. Esto se debe a que el animal, más que saber si son niños, se da cuenta de sus emociones y sentimientos. Hasta parece compartir la alegría él mismo. A su vez, el toro sabe cuándo le tienen miedo o si alguna persona tiene malas intenciones. Esto sí puede generar el mal genio del toro. Dato cierto es que odian el tabaco.

“No hay toros blancos campeones, no pelean bien”. Juzgar a un animal por el color de su piel puede sonar descabellado, pero lo cierto es que en la historia de los grandes campeones de Arequipa no se recuerdan astados totalmente blancos. Entendidos cuentan que hay quienes no prefieren criar blancos, porque cuando son lastimados la sangre se evidencia mucho, y siempre parece que han perdido. Sobre su espíritu combativo no se sabe si es mayor o menor que el de un negro, candela o un pintado.

“Lo cierto es que sí ha habido toros blancos muy buenos, pero no totalmente blancos; siempre tenían una manchita o no era un blanco tan claro. Pero no creo que tenga que ver con su potencial como peleador, pero sí son bien raros”, afirma Jesús Tapia, natural de Paucarpata, animador, investigador y comentarista de peleas desde el 15 de junio de 1975.

Tapia Salinas ha dedicado su vida a esta pasión tan nuestra; nos cuenta que ahora hay muchos más toros y muchas más peleas que antes. Si los colosos de antes eran mejores que los de ahora es discutible, pero el experto afirma que están igual: hemos tenido toros memorables, pero actualmente hay animales en gran nivel. Sin embargo, nombres como Menelik, Mac Giver, Bambino, Gamberra o Indio son sinónimos de guerreros legendarios. También es certero afirmar que cada toro de pelea tiene su propia personalidad.

Sobre los toros de pelea arequipeños hay tanto por escribir, pero nos quedamos hoy con su temperamento. Ese mismo que les ha permitido dar forma a la tierra en extensas jornadas de labor, a la vez que no les permite entregarse a una derrota sin dar todo de sí mismos. Incluso si has caído, tienes que volver más fuerte y saber plantarle cara a la vida. Es cierto que hay algo de nosotros en ellos, pero hay mucho más de ellos en nosotros.

Los toros de pelea ocupan un lugar especial en las familias que se dedican a su crianza.
A algunos arequipeños les atraen las peleas de toros.
Los toros inicialmente fueron usado para las labores del campo.

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