Arequipa se queda aislada por aire y tierra
Por: Carlos Meneses
Arequipa no puede seguir quedándose aislada cada vez que llueve. La naturaleza puede provocar una emergencia, pero la falta de previsión convierte esa emergencia en una crisis. Y esa responsabilidad sí tiene nombres y responsables.
Arequipa vuelve a quedar aislada. Por aire y por tierra, la región enfrenta nuevamente las consecuencias de lluvias y fenómenos meteorológicos que, lejos de ser inesperados, se repiten cada año y ponen a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades. Y, una vez más, la respuesta llega tarde, resulta insuficiente y deja a miles de ciudadanos expuestos a las consecuencias de una emergencia que pudo ser prevista.
En Atico, provincia de Caravelí, la Panamericana Sur permanece bloqueada en ambos sentidos por los huaicos que cubrieron aproximadamente seis kilómetros de la vía con lodo y rocas. Cientos de pasajeros y transportistas permanecen varados, mientras Provías Nacional trabaja con maquinaria pesada para recuperar la transitabilidad. Lo más preocupante es que no existe una fecha definida para reabrir la carretera.
Esta incertidumbre resulta inaceptable tratándose de una vía estratégica que conecta Arequipa con Ica y Lima. El cierre afecta a pasajeros, transportistas, comerciantes y empresas que trasladan productos y mercancías. También genera problemas de abastecimiento y pérdidas económicas que terminan trasladándose a la población.
Lo más indignante es que esta situación no es nueva. Cada temporada de lluvias se registran huaicos, deslizamientos e interrupciones en las principales carreteras del sur. Sin embargo, las autoridades siguen actuando como si cada emergencia fuera imprevisible. Se moviliza maquinaria después del desastre, se evalúan los daños cuando las carreteras ya están bloqueadas y se improvisan soluciones cuando cientos de personas ya están atrapadas.
En Atico, algunos pasajeros incluso han tenido que caminar varios kilómetros por una zona afectada para intentar continuar su viaje mediante transbordos. Una medida desesperada que evidencia la ausencia de una respuesta integral y segura para quienes quedaron varados.
Pero el aislamiento no es solamente terrestre. Las dificultades registradas en el aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón durante jornadas de baja visibilidad también volvieron a afectar la conectividad aérea de Arequipa. Turistas y pasajeros sufrieron cancelaciones y retrasos precisamente durante una de las temporadas de mayor movimiento por las celebraciones del aniversario de la ciudad.
Dos problemas distintos terminan mostrando la misma debilidad: Arequipa no cuenta con una infraestructura suficientemente preparada ni con una respuesta estatal capaz de garantizar su conectividad frente a condiciones meteorológicas adversas.
¿Dónde están los planes de contingencia? ¿Dónde están las rutas alternas? ¿Dónde está la maquinaria previamente posicionada en los puntos críticos? ¿Dónde está la coordinación entre el Gobierno nacional, el Gobierno regional y los municipios?
No basta con informar que los trabajos son complicados. La ciudadanía necesita soluciones y plazos. No puede aceptarse que una carretera nacional permanezca cerrada indefinidamente sin una estrategia clara para recuperar, al menos, un carril de circulación.
La emergencia en Atico debe ser una llamada de atención. Las lluvias no son una sorpresa, los huaicos tampoco. Lo que sí debería sorprendernos es que, después de tantos años de advertencias, las autoridades continúen reaccionando en lugar de prevenir.
