La demanda de vino en el Perú ha disminuido en los últimos dos años

El mercado peruano del vino se encamina hacia una etapa de crecimiento limitado. Luego de alcanzar 30.6 millones de litros en 2025, se proyecta que el volumen llegue a 30.7 millones de litros en 2026, lo que representa un avance de apenas 0,4%. Esta evolución anticipa un mercado prácticamente estable, en el que el aumento del consumo dependerá menos de una expansión generalizada y más de la capacidad de atraer consumidores hacia nuevas formas de consumo.

En este escenario, el comportamiento de los consumidores será determinante. La presión sobre los presupuestos familiares mantiene una mayor sensibilidad frente a los precios, por lo que parte de la demanda continuará desplazándose hacia alternativas que ofrezcan una combinación de menor costo, variedad y facilidad de consumo. Esto limita la posibilidad de que el vino tradicional recupere rápidamente el volumen perdido y obliga al mercado a buscar nuevas ocasiones para incrementar su consumo.

Sin embargo, algunos segmentos presentan mejores perspectivas. El vino espumoso sería el principal motor de crecimiento dentro de la categoría, ya que su aumento estaría relacionado con una mayor incorporación en cócteles y con nuevas ocasiones de consumo, tanto en reuniones sociales como en el hogar. Esta versatilidad permite acercar el producto a consumidores que no necesariamente tienen al vino tradicional como primera opción.

Las ventas minoristas de vino se redujeron de 1 001.1 millones de soles en 2024 a 956.9 millones de soles en 2025, mientras que para 2026 se proyectan en 958.5 millones, un aumento de apenas 0,2%. La recuperación del valor, por tanto, sería incluso más lenta que la del volumen, reflejando la presión que existe sobre los precios dentro de la categoría.

Esta situación responde a que los consumidores continuarán comparando el vino con otras alternativas antes de realizar una compra. Ante una capacidad de gasto que mejora de manera gradual, las opciones de precio más bajo tendrán mejores condiciones para sostener sus ventas. Al mismo tiempo, los productos de mayor precio necesitarán justificar su valor mediante atributos diferenciadores, ya que una recuperación generalizada del consumo premium no parece suficiente para impulsar por sí sola el mercado.

Sin embargo, la menor expansión del valor no significa que todas las oportunidades se encuentren en reducir precios. Algunos segmentos pueden generar mayor valor al asociarse con ocasiones específicas de consumo, especialmente aquellos relacionados con cócteles, celebraciones y experiencias sociales. El vino espumoso destaca nuevamente en este punto, ya que su versatilidad permite ampliar su uso y generar una disposición de compra distinta a la del vino tradicional.

De esta manera, el mercado podría experimentar una mayor diferenciación entre productos orientados a la accesibilidad y aquellos que compiten mediante calidad, origen o experiencia. La capacidad de ofrecer una propuesta clara será especialmente importante en los próximos años, porque el consumidor tendrá más alternativas y no necesariamente aumentará su gasto en vino solo por una mejora de sus ingresos. El crecimiento del valor dependerá, en buena medida, de que el sector consiga generar razones adicionales para elegir la categoría.

Respecto a la perspectiva regional, el mercado peruano presenta una diferencia importante en el valor promedio del vino comercializado. En 2025, cada litro vendido en Perú alcanzó un precio promedio de 8.6 dólares, por debajo de los 9.1 dólares de Chile, 16.7 dólares de Colombia y 28 dólares de México. Esta brecha muestra que el mercado peruano se concentra en una oferta de menor valor promedio y que todavía existe espacio para elevar el gasto por litro mediante una mayor diversificación y diferenciación de los productos.

Asimismo, la diferencia de precios no depende únicamente del tamaño del mercado, sino también de la composición de la oferta y de las preferencias de los consumidores. En Perú, la mayor sensibilidad al precio favorece productos accesibles y limita el avance de alternativas de mayor valor. Por ello, aunque el consumo pueda mantenerse estable, el crecimiento del mercado también dependerá de que los consumidores encuentren propuestas por las que estén dispuestos a pagar más.

En este contexto, los segmentos asociados con nuevas experiencias de consumo pueden contribuir a elevar el valor promedio del mercado. Los vinos espumosos y el vermut, por ejemplo, tienen oportunidades vinculadas con la cultura de los cócteles y nuevas ocasiones sociales, lo que permite competir no solo por precio, sino también por variedad y experiencia. De esta manera, una mayor presencia de productos diferenciados podría ampliar el valor generado por cada litro comercializado.

Hacia los próximos años, el reto para el mercado peruano será avanzar hacia una oferta que combine accesibilidad con mayor valor agregado. La brecha frente a países como México y Colombia evidencia que existe margen para desarrollar segmentos de mayor precio, aunque su expansión dependerá de la disposición de los consumidores a modificar sus patrones de compra. En este escenario, el crecimiento del mercado no tendría que depender únicamente de vender más litros, sino también de generar un mayor valor por cada litro comercializado

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