Prevenir cuesta menos que reconstruir
Por Carlos Meneses
Prevenir cuesta menos que reconstruir. Y en este caso, prevenir significa proteger no solo a más de 10 mil agricultores, sino también el abastecimiento alimentario de toda Arequipa.
El Fenómeno de El Niño no debería sorprender nuevamente a Arequipa. Las advertencias están sobre la mesa y el tiempo para actuar se acorta. Más de 10 mil agricultores de la cuenca suroriental dependen de una red de canales de riego donde más del 70 % de la infraestructura es rústica y, por tanto, vulnerable frente a lluvias intensas, huaicos, desbordes y otros eventos asociados a un escenario climático adverso.
No se trata únicamente de proteger infraestructura. En esta zona se producen cebolla, ajo, papa, lentejas, arveja, zanahoria y otros alimentos que llegan diariamente a los mercados de Arequipa. Si el sistema de riego colapsa o la disponibilidad de agua disminuye hasta en 50 %, como advierten los usuarios, las consecuencias no quedarán confinadas al campo. Se trasladarán directamente a las ciudades, mediante una menor oferta de alimentos y un eventual incremento de precios.
Por ello, la prevención debe dejar de ser una declaración recurrente y convertirse en una prioridad de gestión. Las municipalidades y el Gobierno Regional tienen identificados puntos críticos y conocen las necesidades de los agricultores. Corresponde ahora acelerar la elaboración de fichas, gestionar recursos y ejecutar obras antes de que las lluvias conviertan las deficiencias actuales en emergencias.
El mantenimiento y reforzamiento de canales y bocatomas no puede postergarse. Tampoco puede seguirse aceptando que una parte mayoritaria de la infraestructura de riego permanezca en condiciones precarias, generando pérdidas de agua y aumentando el riesgo de interrupciones durante una temporada crítica.
Pero el problema es más profundo. Arequipa continúa teniendo una limitada capacidad para almacenar y regular el recurso hídrico. La ausencia de suficientes reservorios, minirrepresas y vasos reguladores deja a miles de agricultores expuestos a la incertidumbre climática. El agua que hoy puede parecer suficiente puede convertirse mañana en un recurso escaso.
La reparación de la compuerta de San José del Sur y la evaluación de nuevos sistemas de almacenamiento deben formar parte de una estrategia de seguridad hídrica que trascienda una campaña agrícola. No basta con reaccionar ante cada emergencia; se requiere planificación sostenida.
También los agricultores deberán tomar decisiones responsables frente a un eventual déficit hídrico. Reducir áreas de siembra puede ser una medida difícil, pero podría resultar necesaria para evitar pérdidas mayores. La prevención exige decisiones oportunas, incluso cuando estas sean incómodas.
El mensaje para las autoridades es claro: todavía hay tiempo para intervenir. Esperar a que los canales se destruyan, los cultivos se pierdan o los alimentos escaseen sería repetir errores conocidos.
