EL FANTASMA DE LAS ENCUESTAS Y EL SILENCIO DEL ELECTOR

Por Ricardo Llerena D.

Las encuestas electorales y los sondeos de opinión cumplen, en teoría, un rol pedagógico y democrático fundamental: ofrecen una radiografía del pulso ciudadano en un momento determinado de la contienda política. Permiten a la ciudadanía aproximarse al sentir colectivo, analizar las propuestas y evaluar el peso relativo de las diversas fuerzas en competencia. Sin embargo, una medición nunca ha sido una elección anticipada ni un veredicto definitivo sobre quién ocupará un sillón de gobierno. Es apenas una captura instantánea —una fotografía cuya nitidez depende del encuadre, de la técnica aplicada y de las intenciones de quien sostiene la cámara.

El verdadero peligro en el Perú contemporáneo, y en especial en Arequipa, no radica en la existencia de los estudios de opinión, sino en su mutación deliberada. Cuando la medición abandona la objetividad científica y se transforma en un instrumento de propaganda disfrazado de información neutral, el proceso democrático se distorsiona. A través de la selección interesada de datos, la omisión deliberada de variables metodológicas o la presentación de una modesta variación como si fuera una tendencia irreversible, se pretende moldear la percepción del elector antes de que este deposite su cédula en la urna.

No obstante, frente al bombardeo diario de titulares grandilocuentes que proclaman el despegue o el colapso de una candidatura, existe un actor fundamental que la narrativa dominante suele ignorar o maquillar: la inmensa mayoría que aún no sabe, no contesta o prefiere guardar silencio.

EL VOTO EN BLANCO Y LA MENTIRA DEL ELECTOR DECIDIDO

Al examinar la arquitectura de cualquier medición rigurosa —y al proyectar los datos sobre la realidad de nuestra región— se observa un fenómeno recurrente: la abrumadora presencia del desinterés, la duda y el descontento. Al incorporar a las muestras los porcentajes reales de indecisión, ajustados con un 35% de electores que no saben o no opinan (NS/NO), la supuesta solidez de los caudales electorales se desmorona de inmediato.

En un escenario donde más de un tercio de la población no ha definido su postura, proclamar la «hegemonía» o el «liderazgo indiscutible» de un candidato con el 15% o el 20% de intención de voto resulta, en el mejor de los casos, un exceso de entusiasmo, y en el peor, una manipulación grosera. Cuando una encuestadora o un sondeo digital evita preguntar deliberadamente el no sabe no opina, para ocultar a los de indecisos para recalculando porcentajes solo sobre «votos válidos», está fabricando una falsa mayoría. Se crea la ilusión de un electorado movilizado y resuelto, cuando en las calles de Arequipa la constante es el escepticismo.

La literatura especializada —respaldada por la Asociación Americana para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR)— advierte que las encuestas son estimaciones de momento sujetas a múltiples fuentes de error, desde el sesgo de selección hasta la falta de respuesta, sobre todo más si son por internet. Cuando se ignora el peso del indeciso, no se está informando sobre la realidad; se está intentando acelerar la decisión del votante mediante el «voto útil» o el acoplamiento al «caballo ganador».

LA ANATOMÍA DEL ENGAÑO DIGITAL: BOTS Y TÓMBOLA EN RED

Si en el ámbito de las encuestas tradicionales la manipulación opera mediante la selección sesgada de preguntas o la publicación selectiva de resultados, en el terreno de las redes sociales el engaño ha alcanzado niveles de sofisticación industrial.

Para la ciudadanía arequipeña —un padrón de aproximadamente 1 millón 200 mil electores—, la teoría estadística establece que una muestra de 400 encuestas presenciales, correctamente estratificada y aleatoria, ofrece un margen de error aceptable. Sin embargo, desplegar brigadas de campo con rigor metodológico exige inversiones logísticas que superan holgadamente los 20 000 soles, además de cumplir con los estrictos requisitos de inscripción en el Registro Electoral de Encuestadoras del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Frente a estos costos, diversas campañas y portales informativos recurren a la tómbola de las encuestas web. Allí, donde la ciencia cede su espacio al marketing digital, la medición deja de reflejar la voluntad popular para convertirse en una competencia de granjas de clics y algoritmos.

Para poner a prueba este ecosistema de Ilusiones, desde diario El Pueblo ejecutamos un experimento técnico entre el 9 y el 20 de setiembre a través de nuestras plataformas digitales (diarioelpueblo.com/elecciones2026). La premisa no fue coronar a un vencedor, sino auditar la legitimidad del voto en red mediante el uso de tecnología Device Fingerprint (huella digital del dispositivo). A diferencia de la simple IP —fácilmente alterable mediante redes VPN—, el Device Fingerprint analiza la firma de hardware y software del usuario (resolución de pantalla, tarjeta gráfica WebGL, fuentes instaladas y zona horaria) para garantizar el principio de «un ciudadano, un voto».

Los resultados demostraron la gravedad de la distorsión digital:

RESALTAR EN RECUADRO

  1. Gobernación Regional de Arequipa:
  • Berly Gonzales (Yo Arequipa): Acumuló 321 votos brutos; sin embargo, tras purgar los accesos repetidos mediante la huella digital, la cifra real cayó a 173 votos únicos. Un 46,1% de su caudal nominal era aire digital.
  • Elmer Cáceres Llica (Alianza Para el Progreso): Registró 94 votos brutos y 89 reales (-5,3%), exhibiendo un comportamiento predominantemente orgánico.
  • José Luis Ancalle (Alianza Venceremos): Mantuvo cifras marginales en la primera fase, pero en el tramo del 14 al 21 de setiembre registró una ráfaga automatizada donde el 63,7% de los registros fueron identificados como bots.
  1. Alcaldía Provincial de Arequipa:
  • Deyanira Salazar (Partido del Buen Gobierno): De 177 votos brutos pasó a 100 votos reales, evidenciando que un 43,5% de su respaldo provenía de reintentos continuados desde las mismas máquinas.
  • Alfredo Álvarez (Yo Arequipa): Pasó de 118 a 72 votos únicos, sufriendo una reducción del 39,0% por duplicación recurrente.

RADIOGRAFÍA COMPARATIVA: DE LA ILUSIÓN DIGITAL A LA REALIDAD PONDERADA
Al integrar los datos obtenidos en el sondeo auditado de diario El Pueblo y ponderarlos con el porcentaje estructural de abstención e indecisión (35% de NS/NO), el escenario político regional se reconfigura drásticamente, alejándose de los titulares triunfalistas.

DEMOCRACIA VERSUS POSVERDAD: LA RESPONSABILIDAD DEL ELECTOR

El análisis conjunto de la normativa electoral, la metodología estadística y los datos auditados en el territorio conduce a una conclusión ineludible: la ciudadanía no debe dejarse impresionar por el ruido mediático ni por la pirotecnia de los «me gusta».

Cuando los medios de comunicación o las empresas encuestadoras presentan estudios sin detallar la ficha técnica, el margen de error, la tasa de rechazo o la proporción de votantes no decididos, dejan de cumplir una función informativa y asumen el rol de agentes publicitarios.

La proliferación de ráfagas automatizadas —con registros separados por milisegundos provenientes de una misma dirección IP— no refleja fervor popular; evidencia la contratación de servicios de inflamación digital diseñados para construir una percepción de triunfo ficticia.

A la población de Arequipa le corresponde ejercer una lectura crítica de la coyuntura político-electoral. Mirar la metodología antes que el titular, exigir transparencia en la financiación de los estudios y recordar que el 35% de indecisión representa la verdadera reserva moral y reflexiva de la contienda. El voto no pertenece a las encuestadoras, a los algoritmos ni a las granjas de bots. El voto pertenece soberanamente al ciudadano, y su sentido definitivo no se resuelve en una pantalla, sino en el silencio de la cámara secreta el día de la elección.

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