Las bocinas de locales de campaña y caravanas causan daños auditivos a vecinos
Por: Daniela Nickole Santander
La exposición prolongada a altos decibeles puede provocar tinnitus, trauma acústico e incluso sordera irreversible.
Lo que para un partido político representa fiesta y propaganda, para los vecinos de diferentes distritos se ha convertido en un suplicio cotidiano. La proliferación de locales de campaña y el tránsito constante de caravanas equipadas con altoparlantes a alto volumen han roto la tranquilidad de zonas habitualmente residenciales, desatando la molestia ciudadana y rebasando los límites normativos de contaminación sonora.
En las calles de la ciudad, el malestar es palpable y permanente. Una comerciante del distrito de Miraflores relata cómo la cercanía de estos centros altera su jornada de trabajo: «Tengo mi negocio cerca de un local de campaña en Miraflores y todos los días son como un martirio; algunas veces bajan el volumen, pero otras sigue fuerte y es constante, no puedo atender bien a los clientes y hasta me vibra la oreja». La situación se repite en esquinas y paraderos concurridos donde operan estos centros partidarios: «Todos los días tomo mi carro en una esquina donde hay dos locales de campaña; en lo que llega el carro siempre tengo que taparme los oídos», manifiesta un usuario del transporte público.
La ciudadanía aclara que su molestia no busca frenar la contienda electoral, sino exigir un respeto mínimo a su espacio de vida. «Nadie les dice que no hagan su campaña, pero estos suelen ser barrios tranquilos y el hecho de que estén con sus parlantes al máximo volumen en sus caravanas altera mucho», reclama otro vecino afectado. Sin embargo, el problema trasciende el fastidio cotidiano y se adentra en el terreno de la salud pública, pues la exposición a estos altoparlantes genera un daño físico directo en la estructura del oído.
El doctor José Campo, médico otorrinolaringólogo especialista en salud auditiva con certificación CAOHC y más de 10 años de experiencia, abordó directamente la problemática que atraviesa la ciudad. » Lo que tenemos ahorita de moda, caravanas súper fuertes, autos con parlantes enormes pasando para hacer campaña y uno está cerca de uno de estos ruidos, habitualmente esta exposición deja un pitido, un zumbido, un acúfeno o tinnitus» advierte el especialista, explicando que esta exposición causa una afección denominada trauma acústico. Al ser consultado sobre si las bocinas elevadas de locales de campaña y caravanas políticas representan un riesgo para la salud auditiva del arequipeño, el médico fue contundente: «Sí, dependiendo de la intensidad y tiempo de exposición, pero sí» afirmó Campo.
«En la enfermedad de la sordera ocasionada por ruido, sucede que por una exposición intensa o crónica de ruidos fuertes se van lesionando las células ciliadas; se van como rompiendo o deteriorando, por lo que la presión ya no alcanza a convertirse en energía eléctrica», añade.
Para graficar la gravedad de esta lesión, el doctor Campo recurre a una analogía cotidiana sobre el desgaste del oído interno. «Para ponerlo en simple, sería como cuando uno prende y apaga el interruptor de la casa continuamente; ponle meses o años, eventualmente los filamentos de cobre del cable que está adentro empiezan a deteriorarse. Así se debe entender la sordera, y por ende es irreversible», enfatiza el médico.
Esta agresión a la salud auditiva colisiona directamente con el marco legal peruano. Mientras que los Estándares de Calidad Ambiental (ECA para Ruido) y la Ordenanza Municipal N.º 269-2004-MPA fijan un máximo permitido de 60 decibeles (dBA) en horario diurno para zonas residenciales, la realidad en las calles es muy distinta. «Lo que habitualmente se escucha en los conciertos son también 80 a 100 decibeles, y la bocina de un parlante depende mucho de la intensidad, del amperaje y del tamaño de la bocina», explica el doctor Campo. Estos niveles superan con creces los límites municipales, constituyendo una infracción que las comunas deberían sancionar con multas de hasta el 50% de una UIT y el decomiso de los equipos.
El especialista enfatiza además el peligro de la llamada sordera silenciosa, dado que las primeras frecuencias en perderse tras el impacto del ruido agudo no forman parte del rango conversacional habitual. Esto significa que una persona puede estar sufriendo un daño progresivo en sus células ciliadas sin percibirlo de inmediato al hablar con otros, lo que genera un peligroso subdiagnóstico en la población expuesta a las caravanas.
Respecto a los síntomas de alerta tras el paso de un evento electoral ruidoso, el especialista precisa los tiempos de evaluación médica. «Habitualmente la exposición a un ruido intenso deja un pitido que habitualmente en una o dos horas puede ceder, pero no más de tres o cuatro horas. Si persistiese, lo mejor es acudir a urgencias de algún hospital, consultorio o policlínico para que se valore la posibilidad de una audiometría», puntualiza.
El impacto se agrava en poblaciones vulnerables como los niños o los adultos mayores, quienes carecen de movilidad rápida para alejarse de un altoparlante en movimiento o cuando es en sus propias casas. Ante estas molestias, el doctor Campo exhorta a evitar la automedicación o remedios caseros como el uso de cucuruchos de papel con fuego o hisopos, mientras la población de Arequipa exige a sus autoridades municipales una fiscalización real del decibelaje para evitar que el entusiasmo electoral termine en un daño irreversible para la salud.
