Joven ingresó por una prótesis y terminó con la pierna amputada.
Nelson Daniel Rodríguez Vizcardo (27), estudiante diagnosticado con hemofilia, ingresó al mencionado nosocomio para recibir una prótesis de rodilla, pero sufrió la amputación de su pierna izquierda. Hoy, tras una presunta negligencia en su atención, enfrenta una alta médica forzada pese a carecer de fármacos vitales para su supervivencia.
El calvario comenzó hace casi cuatro semanas, cuando el joven entró caminando con muletas, buscando mejorar su calidad de vida. Su madre, Carmen Vizcardo, denunció que las demoras injustificadas en las curaciones postoperatorias originaron una infección agresiva que destruyó el tejido y derivó en la pérdida de la extremidad.
Según el desgarrador testimonio materno, el personal del área de Trauma tardaba hasta cuatro días en realizar los lavados quirúrgicos y el cambio de vendajes. Esta presunta desatención permitió que la herida supurara descontroladamente, obligando a los médicos a plantear un ultimátum el primero de septiembre: amputar o morir.
La tragedia se agravó por la condición subyacente del paciente, quien padece hemofilia A moderada. Durante su internamiento, el estudiante desarrolló anticuerpos que anularon la eficacia del factor VIII, el coagulante estándar que utilizaba, obligando a los especialistas a emplear factor VII y Emicizumab para evitar una hemorragia fatal durante la amputación.
Aunque la nueva fórmula farmacológica resultó exitosa en el quirófano, el hospital se quedó sin abastecimiento de factor VII. El paciente, que requiere dosis estrictas cada ocho horas para mantener su estabilidad, lleva casi dos semanas sin recibir el medicamento, quedando expuesto a graves hemorragias internas o nuevas complicaciones infecciosas.
Lejos de garantizar su estabilización, la respuesta del centro hospitalario ante la escasez de medicinas fue programar el alta médica del joven para ayer sábado. La madre advirtió que retirar a su hijo con la herida aún abierta y sin cobertura farmacológica representa un riesgo inminente para su frágil vida.
La vulnerabilidad de la familia hace imposible una recuperación domiciliaria. Carmen, quien asume sola el cuidado de su único hijo, proviene de una zona alejada de Atico y sobrevive alquilando una precaria habitación en Arequipa; además, carece de recursos básicos e incluso de una silla de ruedas para movilizarlo.
Buscando salvaguardar la integridad del estudiante, la madre gestionó una referencia de emergencia hacia el Hospital Nacional Dos de Mayo en Lima. Sin embargo, las autoridades sanitarias de la capital rechazaron el traslado argumentando la falta de camas, cerrando la única vía técnica para asegurar el tratamiento hematológico continuo.
