Planta de tratamiento que costó más de

S/ 1 millón en Quequeña no funciona

La Contraloría detectó deficiencias técnicas, pagos con sustentos insuficientes y una recepción sin pruebas de funcionamiento. Las irregularidades comprometieron el tratamiento de aguas residuales, que continúan vertiéndose sin tratamiento previo hacia una quebrada.

Por Jorge Turpo Rivas

Una obra que debía contribuir a mejorar la salud pública y reducir la contaminación ambiental terminó convertida en un problema para el distrito de Quequeña. La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), ejecutada por la gestión del alcalde, Luis Núñez Saldívar, con una inversión superior al millón de soles, no funciona ni cumple con la finalidad para la que fue construida.

Una auditoría determinó que las deficiencias en el diseño, las conformidades indebidas a valorizaciones de obra y la recepción de la infraestructura sin pruebas de funcionamiento ocasionaron un perjuicio económico de S/ 1 millón 274 mil 524,19 a la Municipalidad Distrital de Quequeña.

El órgano de control examinó la ejecución del proyecto e identificó responsabilidades administrativas y penales en funcionarios y servidores que intervinieron en diferentes etapas de la obra, desde la evaluación del expediente técnico hasta la supervisión, las valorizaciones y la recepción de la infraestructura.

Uno de los principales problemas estuvo en el diseño. Según el informe, el expediente técnico presentaba deficiencias que comprometían la viabilidad del sistema de tratamiento y disposición final de las aguas residuales. No se incorporaron estudios geotécnicos, hidrogeológicos e hidráulicos complementarios que permitieran validar adecuadamente la solución proyectada.

La auditoría advierte que tampoco se evaluaron suficientemente las condiciones reales del terreno ni la capacidad de infiltración del suelo, aspectos fundamentales para garantizar el funcionamiento de los pozos de absorción y del sistema sanitario.

Las deficiencias no fueron corregidas oportunamente y la infraestructura terminó ejecutándose sin garantías técnicas suficientes para asegurar su operatividad.

Las irregularidades también alcanzaron la ejecución contractual. La Contraloría observó que se otorgaron conformidades a valorizaciones de obra que no correspondían a los trabajos efectivamente sustentados.

En particular, el gerente de Desarrollo Urbano y Rural de una nueva gestión municipal, junto con el supervisor de obra, otorgó conformidad a la valorización número 4, pese a que el contratista no adjuntó documentación que acreditara la ejecución de las partidas correspondientes a la prueba hidráulica y a la operación, mantenimiento y puesta en marcha de la planta.

La auditoría también cuestionó la recepción de la infraestructura. El comité encargado suscribió el acta correspondiente sin realizar las pruebas de funcionamiento y operatividad, indispensables para verificar que el tratamiento y la purificación de las aguas residuales cumplieran con los estándares técnicos y contractuales.

Durante la recepción tampoco se advirtieron deficiencias críticas. Entre ellas, la falta de instalación de energía eléctrica necesaria para el funcionamiento del sistema de bombeo de lodos hacia los lechos de secado y la ausencia de verificación del almacenamiento del biogás producido por el reactor anaerobio.

Estas actuaciones permitieron aprobar la liquidación de la obra y devolver la garantía de fiel cumplimiento, liberando al contratista de obligaciones contractuales, pese a los

El problema no se limita al dinero invertido. La Contraloría advirtió que las aguas residuales domésticas continúan siendo vertidas sin tratamiento previo hacia una quebrada tributaria del río Yarabamba, sin contar con la autorización correspondiente de la Autoridad Nacional del Agua.

Esta situación representa un riesgo de contaminación ambiental y de afectación a la salud de la población.

A ello se suma otro problema. La planta fue diseñada y ejecutada sobre un polígono que no coincide con el terreno de 480 metros cuadrados donado para ese fin. Parte de la infraestructura ocupa sectores de la quebrada Panteón y un área agrícola colindante, lo que dificulta el saneamiento físico legal del predio.

Planta de tratamiento en Quequeña, es un «elefante blanco».

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