Puente de Fierro requiere estudio urgente para descartar riesgos
Por Jorge Turpo R.
El arquitecto William Palomino advierte que el deterioro del acero, las vibraciones y la falta de evaluaciones completas mantienen en alerta esta estructura histórica. La Municipalidad Provincial debe priorizar su conservación, evaluar las restricciones de paso y garantizar la seguridad de peatones y ciclistas.
PATRIMONIO HISTÓRICO DE AREQUIPA
El golpe que dañó las barandas del puente Bolívar, conocido como el «Puente de Fierro», volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para Arequipa: ¿en qué condiciones se encuentra realmente esta estructura histórica que cada día soporta el paso de cientos de peatones, ciclistas y motociclistas?
Para el arquitecto William Palomino, exgerente del Centro Histórico, la respuesta no puede quedar en una reparación superficial. El puente necesita un estudio técnico integral que determine el estado de sus componentes y permita establecer qué restricciones y medidas de conservación deben aplicarse para evitar que su deterioro se convierta en una tragedia.
“El paso vehicular por el puente Bolívar es de alto riesgo”, advierte. La restricción, explica, no es arbitraria. Se sustenta en evaluaciones anteriores que detectaron fatiga en el acero de la estructura.
Uno de esos antecedentes se remonta al año 2000, cuando estudiantes de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) analizaron el puente y recomendaron su peatonalización. Esos resultados contribuyeron a impulsar la Ordenanza Municipal 1202. Posteriormente, entre 2003 y 2004, se determinó el cierre al tránsito vehicular.
Durante la gestión del exalcalde Yamel Romero, recuerda Palomino, se estableció una carga máxima de tres toneladas, únicamente bajo condiciones extremas. En la práctica, el puente llegó a utilizarse como atajo para vehículos, que se acumulaban a lo largo de sus cerca de 500 metros. Esa concentración de peso comprometía una estructura que ya presentaba desgaste.
La capacidad admisible se redujo después a menos de media tonelada de carga, considerando el peso distribuido de los peatones. El cierre definitivo al tránsito vehicular se concretó durante la gestión del exalcalde Omar Candia.
El problema no se limita al acero. Palomino señala que faltan estudios completos de los estribos, las bases construidas con sillar rosado y concreto. También considera necesario un análisis químico y estructural oficial que determine cuánto han afectado los óxidos y sulfatos a la cohesión de los materiales.
Aunque las investigaciones de la tesis de la UNSA examinaron la degradación metálica, todavía se requiere una evaluación integral que permita conocer la resistencia actual de la estructura.
Inaugurado en 1871, el puente fue construido con un sistema modular de origen estadounidense, con acero traído desde Detroit. No fue obra de Gustave Eiffel, como suele creerse. Su estructura, concebida para el tránsito ferroviario, recibió modificaciones posteriores. En 1925 se incorporó una losa de concreto y hubo nuevas refacciones.
Uno de los cambios significativos ocurrió durante la alcaldía de Yamel Romero, cuando se colocó piedra talamolle en las veredas. En esos trabajos se advirtió la fatiga del metal. Palomino recuerda que el acero antiguo, por sus características y envejecimiento, requiere especial atención. A diferencia de la piedra, no se fortalece con el tiempo, se degrada.

Las vibraciones son otro factor de preocupación. Actualmente cruzan motocicletas, bicicletas y peatones, pese a las restricciones. Algunas unidades intentan ingresar desde la avenida Parra, pero un parante en la zona de San Jerónimo impide el paso vehicular. Palomino plantea evaluar incluso la circulación de motocicletas de mayor cilindrada, porque sus vibraciones pueden afectar la estructura. También advierte que el concreto visible desde la parte inferior presenta desprendimientos.
El riesgo sísmico agrava el escenario. Si ocurre un terremoto con vehículos sobre el puente, el peso y el movimiento podrían incrementar el peligro de falla estructural.
La Municipalidad Provincial debe asumir un plan permanente de mantenimiento, iluminación y seguridad. Palomino también recuerda que el puente cumple una función cotidiana: estudiantes de la Universidad Católica de Santa María, trabajadores y vecinos lo utilizan para cruzar el río Chili. Por las noches, además, se han denunciado cobros de cupos y problemas de seguridad.
Su valor es histórico, paisajístico y turístico. Con conservación adecuada podría seguir prestando servicio peatonal durante décadas. Pero antes hay la tarea impostergable de estudiar su estructura, conocer sus límites y actuar antes de que el deterioro escriba el desenlace.
