Internacionalizar la educación
Por: Enrique Álvarez Rodrich

En los últimos años, los países más desarrollados están haciendo una inversión sin precedentes para acelerar soluciones de tecnologías educativas que les permitan formar ciudadanos y profesionales más competitivos.

Desde el 2021, el Departamento de Trabajo norteamericano ha proyectado que la demanda de empleos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) crecería por encima del 8% anual. A esto se debe sumar la presión de los cambios. Por ejemplo, muchos expertos pronostican que dentro de 20 años el auto eléctrico será el vehículo más demandado y que los autos de combustión actuales desaparecerán. Esto arrastrará la caída de los combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, y sus industrias afines.

Muchos países están aplicando iniciativas para reorientar la formación de los profesionales para que respondan a ese futuro, que empezó a instalarse ya. La gran mayoría tiene entidades que promueven la calidad educativa superior, mediante mecanismos y prácticas que acompañen el cambio y estimulen la calidad.

De hecho, una práctica reconocida es la acreditación internacional de programas académicos, sobre todo en las ramas STEM. Se trata de que alguna acreditadora otorgue un sello de calidad a los centros de formación superior para que los grados profesionales otorgados, por ejemplo, en Perú, sean válidos en otros países del mundo. Así, los graduados pueden acceder a estudios de especialización, desarrollo de investigación, y oportunidades laborales en el extranjero.

Para ello se requiere: preparar docentes con una visión internacional, que estén actualizados sobre las aceleradas transformaciones de conocimientos y metodologías que impactan el mundo en que actuarán sus estudiantes; es el caso de los servicios de inteligencia artificial, por ejemplo.

También se precisa promover la acreditación internacional, a fin de que las carreras profesionales cumplan con estándares que no solo el país, sino también el mundo necesita. Para ello, las entidades del sector educación encargadas de velar por la calidad educativa, deben cumplir con facilitar el desenvolvimiento del mercado y las condiciones propicias para que las agencias acreditadoras compitan sanamente y certifiquen a los mejores programas académicos.

Es imprescindible, además, que haya acreditadoras que sean suscriptoras de los diversos estándares internacionales, como el Acuerdo de Washington, que establece la vara de medir para las diferentes carreras de ingeniería. Para que progrese el país urge que la educación superior tenga reglas claras y visión de futuro. De lo contrario, los más afectados siempre serán los estudiantes que sueñan con ser profesionales competitivos.

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