¿Qué es la Navidad?

En esta época que nos olvidamos, que cayó el comunismo en el 1991, y en los primeros veinte años del siglo XXI con Putin, Palestina e Israel, caen nuevamente en Guerra. Parece el enemigo de la vida, de la libertad, del bien, de los valores humanos, de la Verdad y de la Paz, sigue ejerciendo batalla firme.  La Navidad que celebramos todos los años, es recordar la alegría de la esperanza que el Maestro de Maestro, Jesús de Nazaret, trajo al mundo: Podemos ser merecedores del estado eterno, que posee Dios en el Cielo, y ser salvos, si tenemos fe y practicamos el Bien.

El Rey de la Verdad, del Bien, de la Luz y del amor generoso verdadero es Jesús.

El Rey de la Paz, vino a esta tierra.

No cabe duda que todo lo que está escrito en la Biblia, se está cumpliendo.

Por:  Alicia Barco Andrade

Comunicadora digital, filósofa, periodista y docente.

Todos los años celebramos la Navidad. Comemos muy rico, repartimos regalos y nos reunimos en familia. Pero solo algunas personas saben el significado real de la Navidad.

¿Qué significa la Navidad realmente?

Cuando Jesús nació, había un señor llamado Simeón. Dios estaba escondido y/o encarnado en un Niño. Nadie lo sabía, nadie le importaba. Simeón, que tenía un espíritu curioso y justo, cuando vio al Niño, lo reconoció. Simeón estaba viejo, y en una noche de meditación, recibió la corazonada de un mensaje de Dios, antes de morir, le manifestó que conocería al Salvador. A un Dios Niño, que traería la salvación a todas las personas. En Lucas 2:30–33, lo menciona: Simeón, antes de morir, José y María se maravillaron por lo que dijo. Una viuda llamada Ana también vio a Jesús y supo quién era Él. Pero gracias a Abraham que ejerció el oficio de sacerdote, como intercesor, y tras escuchar la noticia de Sodoma y Gomorra, que iba a ser destruida, porque un Dios Salvador, iba a venir, la historia continuó.

La Navidad es la celebración del momento histórico en el cual Dios – encarnado en un Niño y luego un Hombre, llamado Jesús – vino a la Tierra para salvar a los hombres de la Ira de Dios por el pecado, por esos excesos. Jesús tuvo que nacer como hombre, y morir en esa Cruz, para expiar todo y abrir la puerta a la salvación del alma. Las cosas espirituales no se sienten, están en otra categoría. La fe, como el amor, no solo se siente, se decide por el poder de la voluntad. El poder espiritual está basado en lo que Dios dice, no lo que uno sienta. Se tiene que creer, obrar y elegir seguir el camino de Dios.  

Lo que necesitamos para vivir la Navidad es LUZ INTERIOR.

Esa claridad de mente de nuestra consciencia, del para qué estamos acá y qué relación tiene ese Niño que nació en un pesebre, llamado Jesús, con la existencia personal, es determinante en la forma cómo nos conducimos en la vida. No se trata de ir a misa a golpearse el pecho. Se trata de clamar y decretar de verdad, para que el Cielo responda. Tenemos que saber que, así como existe un Reino de la Verdad, donde el Rey es el Padre Dios, existe un Reino de la Mentira, donde el padre es satanás. En la vida, o le rendimos culto al padre de la verdad o le rendimos culto al padre de la mentira.  

A pesar de muchas injusticias y egoísmos, la luz de Dios debe brillar en nuestras vidas.

Si nosotros estamos conectados fuertemente con esa luz interior. Será muy difícil que satanás opere en la vida de las personas. Satanás actúa en dos frentes del ser humano: El cuerpo y la mente.  Dios actúa en nosotros por medio de esa Luz que se halla dentro de nosotros, como Ley Natural. Pero no estamos inmunes a las energías densas, de los demonios. Si meditamos, o rezamos, por ejemplo, y nos detenemos un tiempo de reflexión con nosotros, nos daremos cuenta que el hacer las cosas bien, siendo íntegros, respetando al otro, a las leyes, siendo sinceros, valientes, justos y esforzándonos en el trabajo, sentiremos una sensación de gozo interno que muchos le llaman paz interior. Una vida ordenada, correcta es fruto de esa sensación de bienestar con nosotros mismos, y ahí, encontramos a Dios. Somos hijos de Dios, por medio de esa Ley Natural.

Incluso esa sensación está escrita en la Biblia cuando vamos a heredar la Tierra del Padre y Dios le pide a David tener fe en la tierra prometida. La tierra prometida según la Biblia fue el área geográfica que Dios declaró entregar a su pueblo, la descendencia de Abraham.  Este lugar se encontraba en Canaán en el lado este del mar mediterráneo. Dios fija límites para la tierra prometida, según el Éxodo (23,31), “desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos y desde el desierto hasta el río Éufrates”.  La tierra prometida es Israel. Y fíjense ahora, que esa tierra prometida está en guerra. ¿De quién será la guerra, ¿no? Del demonio contra las promesas de Dios. El demonio es el padre de la muerte, de la guerra, del odio, de la exclusión y la división.

Turquía, Egipto, Jordania, Israel. Son lugares que forman la ruta de la tierra prometida, llamada la ruta de la Paz. “La familia de Jacob llegó a Egipto por causa de una gran hambruna, los hebreros se instalaron en Egipto y fueron creciendo en número. Los egipcios terminaron que se fueran a rebelar y los convirtieron en esclavos para controlarlos. Después de cientos de años Dios rescata a su pueblo y los libera del yugo de la esclavitud y les promete enviarlos a una tierra prometida siendo guiados por Moisés. Sin embargo, durante el viaje para llegar a la tierra prometida el pueblo de Dios empezó a dudar de Dios a pesar de los milagros que veían a diario, de la misma manera también empezaron a alabar y rendir culto a ídolos creados por ellos mismos. Por lo tanto, aquella generación desobediente estuvo vagando por el desierto durante 40 años pues ninguna persona de aquella generación entraría a la tierra prometida. Los israelitas tuvieron que pasar por diversas pruebas y permanecer fieles y obedientes a las instrucciones de Dios. El pueblo debía adorar solamente al Dios que los liberó de la esclavitud en la tierra de Egipto, cualquier tipo de idolatría es una aberración para Dios”.

Sin querer, podemos tener idolatrías al sexo, al ego, a la vida material, a la comida, a los lujos, a las personas, al dinero, al cuerpo.  Toda obsesión es mala.

Tenemos que prepararnos. Pelea la buena batalla de la Fe.

Porque la buena mano de Dios siempre favorece a sus fieles. Todos estamos llamados a pelear la batalla de la vida para que Dios haga en ti. No es un tema de creencia, solamente, es necesario cultivar la fe, preservar la moral y seguir haciendo el bien, en el mundo, incluyendo en nuestro trabajo, con nuestros amigos y la familia. El camino es la meditación. Las acciones generosas. El trabajo bien hecho. La incondicionalidad con el amigo y desprendimiento sincero en su Bien. Esto, no es fácil, porque todos tenemos defectos, sin embargo, hay que seguir creyendo y perseverando en la fe. En las buenas y en las malas.

Dios vive en la eternidad, para siempre.

Ese estado nos espera en el Cielo. Ese estado es estar salvos. Todo lo que necesitamos en la vida, es eso. Todos estamos llamados a la eternidad. Todo lo que dice Dios lo cumple. Todo lo que está escrito se debe dar. En la medida que las personas están conectadas con esa dimensión espiritual, se permitirá cumplir lo que Dios ha fijado como propósito de vida. ¡Ser salvos! ¡Ir al Cielo! Es la misma vida de Dios posee. Esta es la verdadera Navidad, la celebración de una trascendencia divina, nuestro origen. Esta es la pura Verdad. El camino de la evolución espiritual del ser humano, es la conexión con Dios. Nuestra Libertad junto a la Voluntad de hacer, es un poder que, con buenos hábitos y acostumbrándonos a una vida sana y honesta, es el camino de la redención del Ser. El camino del cristiano, no es un camino de egoísmo individualista. Es un camino de humanización.

Dios quiere para nosotros abundancias, triunfos, y mucha felicidad. Pero somos nosotros, los únicos responsables de evolucionar en esa Luz interna. Recuerden, somos corredentores con Dios. Porque todo está conectado. Somos uno. Y el poder de Dios pasa de persona en persona. De la misma manera que los demonios, cuando se meten en las familias, pasan de miembros a miembros.

Somos energía divina espiritual en un cuerpo sintiente con facultades superiores propias de nuestra alma humana: Inteligencia y Voluntad Libre. Los dones de Dios son la claridad, la paz, la sabiduría. La influencia del demonio es todo lo opuesto a la Paz y el amor. La angustia, la ansiedad. La tristeza, la depresión, el egoísmo, la pobreza.

Es muy raro que nadie en Navidad no sienta nada. No es menos cierto que la gente también se entristece. En mi caso, me da mucha ilusión volver a descubrir ese pesebre. Pero no todos reconocen a ese Niño chiquito en el pesebre, como el Rey de Reyes. Solo las personas que buscan de corazón, pueden encontrar a Dios.

Las guerras son impulsadas por los espíritus de los demonios, que poseen el ego de las personas, por el mismo satanás para matar a los seres humanos y poseer a los gobernantes que impulsan la guerra. Y las personas que se van a condenar –sin fe- son las personas que decidieron rechazar a Cristo.

Cristo va volver a venir, y escogerá a los que supieron salvaguardar su palabra.

Aquellos que buscaron sembrar la Paz, defender la Verdad, liberarnos de toda mentira y así romper todo mal del demonio que siembra en esta humanidad, por los hombres que todavía no han despertado a la Luz interior.

Te deseo una hermosa Navidad con mucha Luz para ti y todos los miembros de tu familia.

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