TODOS TENEMOS UN MARAVILLOSO CORAZÓN (primera parte)

Por Juan Manuel Zevallos Rodríguez – Psiquiatra y Magister en Salud Mental del Niño Adolescente y Familia.

Estoy de acuerdo con todo aquello que piensan y que se alegran con un verso y una flor; estoy de acuerdo con aquellos que sienten y que contemplan con fascinación el milagro del soñar. Apoyo a aquellos que cuentan sus historias para alentar a otros que vendrán y que venden en su discurso de fracasos continuos un mensaje inmortal: la vida es maravillosa y las lágrimas y la risa no son más que luces que iluminan el sendero de los bendecidos por el amor.

HOY CONOCI EN EL MUNDO GENTE MARAVILLOSA

Somos especiales y maravillosos y muchas veces me sorprendo por todos los milagros que hemos llegado a realizar en nuestro pasado y de los cuales pocas veces nos damos cuenta.

Cada día regalamos vida de un modo sorprendente. Cada nuevo amanecer nuestras vidas despiertan con el fin de cultivar nuevas amistades, de hacer reír a un desconocido y de esforzarnos por hacer la mejor labor que nos compete.

Todos los días hemos llevado a cabo hechos sorprendentes y, sin embargo, los hemos minimizado sin una razón valedera. Hemos alegrado la existencia de nuestros padres con travesuras e inocencias, hemos logrado que nuestros maestros se sientan satisfechos por la labor pedagógica que han realizado y hasta hemos estrechado la mano de un desconocido en nuestro primer día de clases para decirle: “amigo mío”.

Hemos regalado sonrisas por millares, nos hemos equivocado una infinidad de veces y gracias a nuestro dolor han podido aquellos que nos contemplaban evitar ese sufrimiento y les hemos dado la oportunidad de vivir nuevas experiencias basadas en nuestro aprendizaje.

Nos hemos dado el lujo de abrazar a tantas personas en la vida y con ese solo acto de solidaridad y de compromiso les hemos dado un poco más de seguridad. Algunos hasta han tenido la oportunidad de reírse de sus fracasos frente a tanta gente y sin saberlo quizá, les han enseñado a otros a no tomar tan en serio “lo malo” que nos sucede a diario.

Hemos olvidado insulsamente que siempre hemos sido instrumentos de bien y de amor y creemos infamemente que nunca hemos hecho algo por nosotros y menos por otros. 

La vida está constituida por una serie de acontecimientos que, unidos armónicamente, dan una sola frase al final de nuestros días: felicidad.

Valoro todo lo que has hecho y te valoro cada día más porque eres un ser de bien que en el fondo de su ser tiene latiendo con fuerza un maravilloso corazón que te llevará a realizar actos de altruismo, entrega y compromiso social. No necesitas ser humilde para ello, solo necesitas ser original para brillar en la oscuridad de alguno de los caminos que nos toque recorrer.

El amor por tu vida es inmenso y tu afecto y entrega por la humanidad nunca han tenido límites. En tu diario actuar has sembrado, de modo constante y con una entrega sin igual, bendiciones, alegorías y actos de solidaridad a veces tan pequeños, muchas veces tan grandes, que han permitido a otros tantos que te rodeaban levantarse y continuar su camino revitalizados por el solo acto de tu entrega.

No hagas caso a los ecos de la sociedad que hablan de un mundo lleno de infamia y de codicia. Recuerda, son muchos más los que perdonan, son inmensamente más todos aquellos que anhelamos vivir en un mundo inmerso en el concepto de paz.

Tú eres un ejemplo a seguir. Eres una fuente de donde puede brotar el amor a borbotones si tienes fe en la vida y en todo aquello que vendrá; el bien es tu divisa, tu insignia y propósito diario. Nadie podrá negar tu existencia, nadie podrá borrar tus pasos, eres la mejor persona que ha existido y si eres el mejor, debes actuar conforme a tu naturaleza de amor.

Ahora sonríe, siente plenamente la alegría en tu cuerpo, enamórate de los sueños, del latido del corazón, de tu mirada y del sentir de la mente y nunca te abandones; no permitas que las palabras nefastas de aquellos que se hallan perdidos inunden tu jardín de compromiso y verdad.

“Veo a los niños corriendo por un parque, veo que uno de ellos se cae, luego se levanta y sigue corriendo. Todos se alegran porque el que se ha caído se ha levantado y sigue junto a ellos. Todos son uno y a la vez cada uno es un universo personal tan diferente. Cada uno de aquellos niños que contemplo sienten en cada poro de su piel, en cada alveolo de su pulmón y en cada lágrima de sus ojos lo maravilloso que es vivir con ese hermoso regalo de Dios, nuestro maravilloso corazón”.

Nos hemos olvidado que un día vivíamos a plenitud, sin rencor, resentimiento, frustración, indiferencia, desidia y odio. Hemos olvidado que nuestra vida surgió del afecto y cariño de dos personas que un día se amaron tanto para que hoy estemos presentes. Quizá alguien podría decir que la frase anterior no se corresponde con su historia y yo le digo “no estés triste” ya que tu historia con toda seguridad es mejor que la mía y que la de muchos, tu vida es divina y tiene un valor que difícilmente se puede igualar ya que tu madre o tu padre en soledad un día se comprometieron a regalarte su existencia y actuar por dos, ¡qué acto de mayor entrega!, ¡regalo de amor mayor que ese no hay!

Hemos sido, durante muchos años, el fruto del amor de tantos y tantas personas que nos han rodeado y no podemos fallarnos, no podemos fallarles, ¡creyeron en cada uno de nosotros!, ahora es nuestro turno de devolver el regalo, de amarnos, de amar a la humanidad en conjunto y de darnos por completo; no hay otro camino, solo hay una verdad, ¡hemos sido creados para dar!

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