Seguridad y orden sobre dos ruedas
Por: Carlos Meneses
El MTC da un paso correcto, aunque tardío. La modernización del reglamento de tránsito debe continuar, con una visión integral que combine control, educación y tecnología. Solo así, la seguridad en dos ruedas dejará de ser un asunto de castigos para convertirse en una cultura compartida.
El nuevo Decreto Supremo N.° 018-2025-MTC, que actualiza las medidas sobre el uso de chalecos y cascos para motociclistas, busca equilibrar la seguridad vial con el respeto a los derechos ciudadanos. La norma, que restringe la exigencia del chaleco con número de placa solo a las zonas declaradas en estado de emergencia, representa un intento por aplicar la ley con criterio, sin criminalizar a quienes usan motocicleta como medio de trabajo o transporte cotidiano.
Durante los últimos años, la motocicleta se ha convertido en una herramienta fundamental para miles de peruanos, especialmente en las ciudades intermedias y regiones como Arequipa, donde el tráfico, las distancias y la informalidad del transporte empujan a muchos hacia los vehículos menores. Sin embargo, su crecimiento acelerado también ha traído consigo un aumento de accidentes, delitos cometidos a bordo de motos y desorden en el tránsito urbano. De allí que el Estado busque ordenar este sector con medidas concretas.
El punto positivo del decreto radica en su aplicación “focalizada y proporcional”: solo en zonas en emergencia se sancionará el no uso del chaleco distintivo. Este enfoque evita la generalización injusta que, en su momento, convirtió a todo motociclista en sospechoso. El verdadero desafío, sin embargo, está en la fiscalización. De poco servirán las nuevas disposiciones si no hay control efectivo, capacitación policial y campañas de educación vial.
La precisión técnica sobre cascos y lentes protectores también es un avance. Al eliminar restricciones absurdas —como la obligación de visores totalmente transparentes— se da paso a una norma más sensata, que prioriza la seguridad real sobre la apariencia. El visor adecuado puede salvar vidas, igual que un casco correctamente certificado.
Pero ninguna regulación sustituye la responsabilidad individual. Portar casco y chaleco no debe ser una imposición temida, sino una costumbre asumida. La convivencia vial depende tanto del cumplimiento de la norma como del respeto entre conductores y peatones.
