“Perú necesita estabilidad política, reglas claras y talento para crecer”

Por Rocío Velazco C.

El presidente ejecutivo del BCP, Dionisio Rodríguez Paoletti exhortó a recuperar la confianza institucional y fortalecer el vínculo entre empresa, Estado y academia.

ENTREVISTA A DIONISIO ROMERO PAOLETTI

En un país que vive entre la incertidumbre política, el freno económico y la desconfianza ciudadana, la voz de los líderes empresariales cobra especial relevancia. Dionisio Romero Paoletti, presidente del Directorio de la Fundación Romero y del Banco de Crédito del Perú (BCP), sostiene que el principal desafío del Perú hoy no es solo económico, sino institucional. “El país necesita estabilidad política, reglas claras y talento para crecer”, afirma.

Sus declaraciones se producen en un momento decisivo. A poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2026, el país atraviesa una crisis de representación y fragmentación partidaria sin precedentes, mientras la inversión privada muestra señales de desaceleración y los índices de confianza empresarial siguen en caída. En ese contexto, el líder del sistema financiero más grande del país lanza un llamado que trasciende la coyuntura: recuperar la confianza, apostar por la educación técnica y articular esfuerzos entre el Estado, la empresa privada y la academia.

SIN ESTABILIDAD POLÍTICA NO HAY INTERSIÓN

Romero Paoletti no duda al diagnosticar el principal problema del Perú: la inestabilidad. “La recuperación económica pasa por reconstruir la confianza política e institucional. Ninguna economía puede crecer cuando cada semana se cambian las reglas del juego o se cuestionan las instituciones”, señala.

El empresario recuerda que la falta de previsibilidad en la gestión pública, los enfrentamientos permanentes entre el Congreso y el Ejecutivo, y la improvisación en las políticas económicas, han debilitado la imagen del país ante los inversionistas nacionales y extranjeros. “Cuando el marco institucional se vuelve impredecible, los proyectos de largo plazo se detienen. Y eso ya se ve en sectores como infraestructura, minería y energía”, advierte.

Durante los últimos años, el Perú pasó de ser una de las economías más estables de la región a un país percibido como de riesgo medio alto. Según el propio Romero, el principal activo del país —su reputación de solidez macroeconómica— se ha erosionado por la crisis política y la ausencia de consensos. “Hemos demostrado que somos capaces de crecer incluso en contextos difíciles, pero la estabilidad política es condición indispensable. Sin ella, no hay inversión posible ni desarrollo sostenible”, enfatiza.

A su juicio, las elecciones de 2026 deben marcar un punto de inflexión. “Los ciudadanos merecen campañas responsables y transparentes, no promesas inviables ni discursos populistas que destruyan la confianza. El país no puede seguir improvisando cada cinco años. Necesitamos un consenso mínimo sobre estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y políticas sociales efectivas”, afirma.

Romero es consciente de que la distancia entre el sector empresarial y la política se ha ampliado, en parte por la desconfianza mutua. Sin embargo, cree que el sector privado debe volver a involucrarse en el debate público, no para defender intereses particulares, sino para impulsar la institucionalidad. “La empresa tiene que ser parte de la solución. Callar ante la ineficiencia o la corrupción también es una forma de complicidad”, reflexiona.

FINANCIAMIENTO POLÍTICO, TRANSPARENCIA Y REFORMA PENDIENTE

Uno de los momentos más introspectivos de la conversación llega cuando el empresario aborda el tema del financiamiento político. Con serenidad, recuerda su propia experiencia en los años en que el grupo económico que presidía realizó aportes a campañas electorales, hecho que fue posteriormente investigado por la justicia y que él mismo reconoció públicamente.

“Esa experiencia me enseñó que el financiamiento privado debe ser transparente, regulado y responsable. No se puede permitir que el dinero distorsione las prioridades del Estado ni capture decisiones públicas. Los empresarios tenemos la obligación de actuar con ética y contribuir al fortalecimiento institucional”, sostiene.

Romero considera que la reforma política sigue siendo una tarea inconclusa. “El país necesita partidos sólidos, liderazgos con visión y sistemas de financiamiento claros. No podemos seguir permitiendo que las campañas sean espacios opacos o que dependan de recursos informales. Las reglas deben ser iguales para todos, con supervisión efectiva y sanciones severas”, puntualiza.

Para él, sin partidos fuertes no hay democracia posible. “Cuando los liderazgos se construyen sobre la base de la improvisación o el marketing, el país se vuelve ingobernable. Los empresarios no podemos ser espectadores pasivos de ese deterioro institucional”, añade.

Academia de oficios fue presentada en Lima.

EMPRESA, ESTADO Y ACADEMIA, ALIANZA PARA EL DESARROLLO

Romero Paoletti sostiene que el futuro del Perú se juega en un terreno más amplio que la política: la formación del capital humano. “El desarrollo no depende solo del crecimiento económico, sino de la calidad del talento que lo impulsa. Necesitamos una alianza estratégica entre empresa, Estado y academia”, plantea.

En su visión, los tres sectores deben actuar de manera articulada y no en compartimentos estancos. “No se trata de que cada quien haga su parte de forma aislada, sino de construir puentes permanentes. Esa colaboración genera innovación, productividad y bienestar”, señala.

El empresario destaca que los países que lideran el crecimiento sostenible en el mundo lo han logrado porque apostaron por la educación técnica, la investigación aplicada y la transferencia tecnológica. “No podemos seguir pensando que el éxito profesional pasa únicamente por la universidad. El Perú necesita técnicos altamente capacitados, personas que puedan transformar conocimiento en productividad y oportunidades reales”, afirma.

La Fundación Romero, que preside, ha trabajado durante años en ese sentido, promoviendo programas educativos gratuitos y herramientas de emprendimiento digital para jóvenes. Pero su apuesta más ambiciosa, según cuenta, es la Academia de Oficios, impulsada por el BCP.

ACADEMIA DE OFICIOS

Romero Paoletti explica que la Academia de Oficios nació como respuesta a una necesidad urgente: reducir la brecha entre la educación formal y las demandas reales del mercado laboral. “El Perú tiene mucho talento, pero necesita oportunidades para canalizarlo. Con la Academia de Oficios buscamos brindar formación gratuita y de calidad en carreras técnicas que respondan a lo que hoy necesita el país”, comenta.

El programa —desarrollado en alianza con instituciones educativas, empresas privadas y gobiernos locales— ofrece especializaciones en tecnología, servicios financieros, atención al cliente, logística y mantenimiento industrial, entre otros. Desde su creación, miles de jóvenes han participado en sus cursos, y muchos ya se encuentran trabajando en empresas del grupo o en firmas asociadas.

“Queremos que los jóvenes encuentren empleo digno, estable y productivo. El futuro del país no depende solo de los economistas o los políticos, sino de quienes tienen un oficio y aportan con su trabajo todos los días. Dignificar el empleo técnico es construir una nación más justa y moderna”, subraya.

Romero insiste en que la educación debe ser la prioridad nacional. “Podemos discutir sobre minería, impuestos o gasto público, pero si no formamos talento, no tendremos futuro. Lo que diferencia a los países exitosos de los que se estancan es su capacidad para generar conocimiento y aplicarlo”, sostiene.

EL PERÚ TIENE TODO PARA SALIR ADELANTE

Al cierre de la conversación, Dionisio Romero Paoletti transmite un mensaje optimista, aunque no exento de advertencias. “El Perú tiene todo para salir adelante: recursos naturales, talento humano, ubicación estratégica. Pero sin confianza, sin estabilidad ni instituciones sólidas, nada de eso servirá. Lo que necesitamos es liderazgo y visión de largo plazo”, enfatiza.

A sus 58 años, el presidente ejecutivo del BCP pertenece a una generación de empresarios que ha sido testigo de las grandes transformaciones del país: del colapso económico de los ochenta al crecimiento sostenido de las dos décadas siguientes, y ahora, nuevamente, al riesgo del estancamiento. “El país no puede vivir en ciclos de esperanza y desencanto. Es hora de construir instituciones duraderas, meritocráticas y confiables”, dice.

Romero se despide con una reflexión que resume su pensamiento: “La estabilidad no se decreta, se construye día a día con responsabilidad, transparencia y trabajo. Y eso no depende solo del Estado, sino de todos: empresarios, trabajadores, académicos, estudiantes y ciudadanos. Si recuperamos la confianza, el Perú volverá a crecer”.

“El futuro del país no depende solo de los economistas o los políticos, sino de quienes tienen un oficio y aportan con su trabajo todos los días. Dignificar el empleo técnico es construir una nación más justa y moderna.”

 

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