TALLER: EL OÍDO
Úrsula K. LeGuin
Yo oigo lo que escribo. Empecé a escribir poesía cuando era muy jovencilla; siempre la oía en mi cabeza. Con los años me he dado cuenta de que mucha gente que escribe sobre la escritura parece no oírla, no la escuchan, su percepción es más teórica e intelectual. Pero si sucede en tu cuerpo, si oyes lo que escribes, puedes buscar con el oído la cadencia adecuada que ayudará a que la frase fluya. Y eso que dicen los escritores jóvenes de “encontrar tu voz”… Bueno, pues poco vas a encontrar si no pones la oreja. El sonido de tu escritura es una parte fundamental de lo que haces. Nuestra manera de abordar la enseñanza de la escritura tiende a olvidarse de esto, quizá con la excepción de la poesía. Y así tenemos prosa que suena pom, pom, pom y no sabemos dónde está fallando. (…)
Por debajo de la memoria y la experiencia, por debajo de la imaginación y la invención, por debajo de las palabras hay ritmos ante los que la memoria, la imaginación y las palabras se ponen en marcha; la tarea de quien escribe es ahondar lo suficiente para sentir ese ritmo y dejar que ponga en marcha la memoria y la imaginación para que estas encuentren las palabras.
