La coherencia entre el ojo y el fémur
Por: Willard Díaz
La semana pasada en la Sala Atenas del Complejo Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín se realizó la presentación de la Antología poética de Oswaldo Chanove, titulada «La coherencia entre el ojo y el fémur». Esta edición, que contiene selecciones de todos los poemarios sueltos del autor arequipeño, ha sido preparada y publicada por el Instituto Cervantes, de España. Lleva un estudio introductorio del poeta y editor español Martín López Vega.
Transcribo parte del texto que leí en esa ocasión.
Oswaldo Chanove ha sido un innovador total de la poética arequipeña del siglo XX. Desde sus primeros días fue evidente que sus fuentes no eran lo común en nuestro ámbito, los poetas locales o sus más cercanos, ni siquiera los de moda en el plano nacional de los años 70 y 80, sino eran los versos casi desconocidos por entonces de Jacques Prevert, Henri Michaux, Wallace Stevens, William Carlos Williams, Quasimodo y Cavafis entre otros. Este rico banco de lecturas el poeta supo combinarlo con otras fuentes menos líricas y más a la mano, como los cómics, el cine y la música rock y pop de la época. De allí nació la imprevista primera edición de 1983 titulada “El héroe y su relación con la heroína” y su célebre poema “Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces” en el que declara en las primeras líneas “Tengo aproximadamente 26 años y no sé con exactitud cómo llegue hasta aquí / Suelo preguntarles a ellas por si ellas saben algo / Miré por la ventana y era yo precisamente / Qué hermoso soy cuando cabalgo sobre un caballo negro / Te divisé, a lo lejos, trotando sobre tu caballo blanco / Qué hermosa eres trotando sobre tu caballo blanco”.
Luego, en 1987 Oswaldo nos entregó su “Estudio sobre la acción y la pasión”, que incluye su primera Arte poética presentada como una Aclaración necesaria. Es mejor leerla completa:
Capítulo I
No te muevas, gritó: ¡Estás allí!
Luego una curva transforma mi rostro
Y escupo
Soy el que tiene la cabeza rota
(Pero apoyo la barbilla)
—¿Qué fue? —me gritan desde la calle. Saludan. Agitamos las manos
Levanto la rodilla y me impulso
Las nubes y el cielo retroceden
El tórax cabalga con su sombrero redondo ligeramente ladeado
(Cae el atardecer)
(Y la negra figura se pierde en el horizonte)
Hasta que todo es negra noche
Disparo
—¡Muertos! —grito, dando un salto en medio de la oscuridad
Los demás sonríen
(Con un ojo medio abierto)
Entonces los remato con el cuchillo.
Si comparamos el anterior poema que he citado y este como dos puntos que trazan una línea en el espacio, podemos notar algunas constantes.
En primer lugar, los dos poemas parecen relatos, son historias escritas en clave. Uno de los rasgos propios de la poesía de Oswaldo, creo yo, es el movimiento, la acción, el dinamismo, la narración. Más que poesía contemplativa, que en el fondo lo es, la forma que adopta su poética es la del desplazamiento. Y, por lo tanto, podemos ver que uno de los temas centrales en su poética es el Tiempo.
Me lo confirma el nombre de su actual blog de internet: “Crónica del instante”. Crónica, como relato de un período o un proceso histórico que corre a lo largo del texto, solo que esta es de un instante, el período más corto del tiempo. Aparente oxímoron que expresa la paradoja de la poética de Oswaldo: el deseo de representar en versos rápidos y directos la profundidad total de la existencia.
Otro rasgo que puedo señalar en la poética de Oswaldo es su capacidad de geólogo del alma humana. Con la persistencia y el cuidado del inspector ha sabido hallar vetas impensadas para las metáforas de su numen. Así, el amor en sus primeros poemarios, la historia en los intermedios, el cuerpo y la gastronomía en los siguientes, las ciencias y la filosofía en los finales. Saqueador de lenguajes establecidos que los sabe transformar en metáforas de impactante efecto, Oswaldo no duda en apropiarse de lo que puede porque lo va a poner al servicio de su propuesta lírica y con los mejores resultados.
Pero desde hace unos diez años advierto en la producción de Oswaldo una trascendencia de la poesía hacia la filosofía, hacia el pensamiento universal. Su último libro “Una modesta impugnación del infinito” ya parece una colección de aforismos filosóficos, merece la pena detenerse en su última, hasta ahora, Arte poética:
“El péndulo de mi vida bascula entre el abismo y la epifanía / En ocasiones el poema es la epifanía / En otras solo el abismo”.
