Mucho acto y poca obra: ceremonia por COAR en Arequipa sin expediente técnico

El Gobierno Regional de Arequipa realizó una ceremonia oficial en el centro poblado Bello Horizonte, en Majes (Caylloma), para la entrega del terreno donde se proyecta construir el Colegio de Alto Rendimiento (COAR). Sin embargo, más allá del acto protocolar, el proyecto aún no cuenta con expediente técnico, requisito fundamental para definir su viabilidad, costos reales y cronograma de ejecución. En otras palabras, no hay obra en marcha.

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Pese a ello, la actividad fue presentada como un hito relevante, con presencia de autoridades, despliegue logístico y uso de recursos públicos. Participaron la viceministra de Gestión Institucional del Ministerio de Educación, Sandra Ramírez Méndez, y el gobernador regional, Rohel Sánchez, además de alcaldes, funcionarios y representantes del sector privado. Incluso se incluyó la entrega de presentes, en una escena que contrasta con el estado incipiente del proyecto.

El COAR Arequipa está previsto bajo la modalidad de Obras por Impuestos, con la participación de la empresa Southern Copper Corporation, y una inversión que supera los 107 millones de soles. La propuesta contempla una infraestructura educativa integral: aulas, laboratorios, talleres, residencia estudiantil, biblioteca, comedor, áreas deportivas y espacios de innovación, todo en un terreno de aproximadamente 30 mil metros cuadrados. Se trata, sin duda, de un proyecto importante para la región sur, que podría beneficiar a unos 300 estudiantes de alto rendimiento provenientes de diversas regiones.

No obstante, la distancia entre el anuncio y la ejecución es considerable. Sin expediente técnico aprobado, no existen plazos concretos ni garantías de inicio de obras. Este documento no solo define aspectos constructivos, sino que también permite evaluar la sostenibilidad del proyecto y su correcta implementación. En ese contexto, la ceremonia luce más como un acto simbólico que como un avance tangible.

La situación plantea cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos para este tipo de actividades. En una región donde persisten brechas en infraestructura básica, salud y educación, resulta legítimo preguntarse si era necesario organizar un evento de esta magnitud para un proyecto que aún no despega. Más aún cuando existen antecedentes de obras paralizadas o retrasadas precisamente por deficiencias en la planificación técnica.

El contraste es evidente: mientras la ciudadanía espera resultados concretos, se priorizan actos que apuntan más a la visibilidad política que a la ejecución efectiva. La entrega de un terreno es, sin duda, un paso administrativo necesario, pero difícilmente justifica el nivel de despliegue observado.

Este tipo de acciones refuerza una práctica recurrente en la gestión pública: anunciar antes de ejecutar. Y aunque el COAR Arequipa representa una oportunidad valiosa para fortalecer la educación en la región, su desarrollo dependerá menos de ceremonias y más de una gestión técnica eficiente, transparente y enfocada en resultados.

Por ahora, el proyecto sigue en etapa preliminar. Y la expectativa generada por el acto oficial contrasta con una realidad ineludible: aún no hay obra, ni fechas claras, ni certezas. Solo un terreno y una promesa.

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