Arequipa: más vehículos, pero retrocede en orden
Por: Carlos Meneses
Porque mientras se venden más autos, Arequipa se mueve menos. Y eso no es progreso, es retroceso.
Arequipa crece. Lo dicen las cifras, lo confirman los concesionarios y lo evidencian las calles saturadas. En apenas tres meses, más de siete mil vehículos nuevos se han sumado al ya sobrecargado parque automotor de la ciudad. El incremento del 39% en las ventas no solo refleja una economía más dinámica, sino también un fenómeno que, sin control ni planificación, se ha convertido en un problema estructural: el colapso del sistema vial.
El verdadero problema no es que más arequipeños puedan acceder a un vehículo. Eso, en cualquier economía, es un indicador de progreso. El problema es que ese crecimiento no ha sido acompañado por una política pública seria, sostenida y técnica que ordene el transporte y planifique la ciudad. Hoy, Arequipa avanza en consumo, pero retrocede en gestión.
Las autoridades locales y regionales han demostrado, una vez más, su incapacidad para anticiparse a los problemas. No existe una estrategia integral de movilidad urbana. No hay anillos viales concluidos, no hay intercambios viales suficientes, no hay un sistema de transporte público moderno que compita con el uso del vehículo particular. Lo que sí hay es improvisación, parches y discursos repetidos.
La congestión ya no es exclusiva de las horas punta. Se ha extendido a lo largo del día, convirtiendo trayectos de minutos en recorridos interminables. Esta situación no solo afecta la calidad de vida de los ciudadanos, también impacta directamente en la productividad, incrementa los costos del transporte y agrava la contaminación ambiental. Es, en términos simples, una ciudad que pierde tiempo, dinero y salud.
Mientras tanto, el transporte informal sigue creciendo sin control. Las llamadas “loncheritas” y otras unidades circulan en medio de una débil fiscalización, evidenciando que las normas existen, pero no se cumplen. La Municipalidad Provincial de Arequipa no ha logrado imponer orden ni autoridad en las vías. Y el Gobierno Regional, por su parte, sigue sin liderar los grandes proyectos de infraestructura que la ciudad necesita con urgencia.
Resulta preocupante que, en pleno año electoral, el tema del transporte siga siendo tratado como una promesa más y no como una prioridad estructural. Arequipa no necesita más diagnósticos, necesita decisiones. La culminación de la autopista Arequipa–La Joya, la implementación de anillos viales y la reorganización del transporte público no pueden seguir postergándose.
El crecimiento del parque automotor es una realidad que no se detendrá. Lo que sí puede cambiar es la forma en que la ciudad responde a ese crecimiento. Hoy, lamentablemente, la respuesta ha sido la inacción.
