Cuando la emoción del fútbol también implica riesgos
Por: Milton J. Rojas V.
En un mes marcado por la pasión que despierta la Copa Mundial de Fútbol, también resulta oportuno recordar que el 26 de junio se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra las Drogas.
La fecha coincide además con el 40.° aniversario de Cedro, una ocasión que invita a reflexionar sobre los nuevos desafíos que enfrentan adolescentes y jóvenes en entornos cada vez más digitalizados.
Entre ellos destaca el crecimiento de las apuestas deportivas en línea, cuya expansión durante los grandes eventos deportivos plantea la necesidad de fortalecer la información, la prevención y la toma de decisiones responsables.
El mundial está en marcha, y millones siguen cada partido con entusiasmo.
Sin embargo, junto a la fiesta deportiva crece otro fenómeno que merece atención. A través de teléfonos móviles y plataformas digitales, una intensa publicidad invita a apostar en cada encuentro, cada gol e incluso en cada jugada.
Las apuestas deportivas han dejado de ser una actividad limitada a locales físicos. Hoy basta un celular para registrarse y apostar en minutos. Esta facilidad ha impulsado su expansión, especialmente entre adolescentes y jóvenes.
Diversos organismos advierten que su creciente normalización, impulsada por el marketing y el patrocinio deportivo, las presenta como una forma de entretenimiento más, ocultando sus riesgos. Las investigaciones coinciden en que los jóvenes son especialmente vulnerables.
La disponibilidad permanente, la inmediatez de las apuestas y la asociación con el deporte favorecen su atractivo. Además, muchos apostadores desarrollan una falsa sensación de control, creyendo que su conocimiento del fútbol les permite anticipar resultados.
La evidencia también alerta sobre impactos en la salud mental. El hábito frecuente de apostar se asocia con impulsividad, búsqueda de sensaciones, malestar psicológico y otras conductas adictivas.
A ello se suma la alta exposición publicitaria, especialmente en transmisiones deportivas y redes sociales, que refuerza estas prácticas desde edades tempranas.
En el Perú, aunque aún hay pocos estudios específicos, se observa una población juvenil altamente conectada y expuesta de forma constante al entorno digital. Esto incrementa la probabilidad de contacto con plataformas de apuestas y contenidos que las promocionan.
Parte del atractivo radica en cómo funcionan estas dinámicas en el cerebro, activando circuitos de recompensa que mantienen el interés incluso tras perder.
Los llamados “casi aciertos” refuerzan la ilusión de ganar y motivan a continuar apostando.
La prevención no implica prohibir, sino informar y generar conciencia. Familias, escuelas, clubes y medios pueden promover una cultura deportiva basada en el disfrute del juego, no en la expectativa de ganancias.
El mundial durará solo unas semanas. Lo importante es que perduren la emoción del deporte, los encuentros y la pasión compartida, sin que apostar se convierta en una condición para disfrutar del fútbol.
