Crecer hoy, sostener el desarrollo mañana
Por Carlos Meneses
Conservar el ritmo de crecimiento será tan importante como convertirlo en mejores servicios, más empleo formal y mayor calidad de vida para la población. Ese es el verdadero reto que deberán asumir las futuras autoridades. Solo así el crecimiento dejará de ser un dato estadístico para convertirse en bienestar tangible para millones de peruanos.
Las cifras del primer trimestre de 2026 son alentadoras. Que 21 de las 24 regiones del país hayan registrado crecimiento económico demuestra que el Perú mantiene una capacidad de recuperación importante y que sectores como la construcción, la minería, el comercio y los servicios siguen siendo motores fundamentales de la actividad productiva. Sin embargo, los buenos resultados no deben llevar a un exceso de optimismo. El verdadero desafío no es crecer un trimestre, sino mantener ese dinamismo en un escenario marcado por riesgos climáticos, incertidumbre política y la necesidad de nuevas inversiones.
El informe del Instituto Peruano de Economía (IPE), basado en datos del INEI, muestra que la economía regional avanza con bases relativamente sólidas. La construcción continúa impulsada por la inversión pública y privada, mientras que la minería mantiene un rol decisivo, especialmente en la macrorregión centro y en el sur del país. Arequipa es un claro ejemplo de ello con el impacto económico que ya genera la construcción del proyecto Tía María.
No obstante, el crecimiento económico nunca está garantizado. El Fenómeno El Niño Costero aparece como una amenaza real para sectores estratégicos como la pesca y la agricultura. Si las proyecciones climáticas se cumplen, la reducción en la captura de anchoveta y los efectos sobre los cultivos podrían afectar el desempeño económico de varias regiones durante los próximos meses. La prevención y la capacidad de respuesta del Estado serán determinantes para reducir esos impactos.
Otro factor que merece especial atención es el clima de inversiones. Los proyectos mineros representan una importante fuente de empleo, recursos fiscales y desarrollo para las regiones. Sin embargo, casos como la postergación del proyecto Zafranal evidencian que el país aún enfrenta dificultades para brindar las condiciones de estabilidad y confianza que requieren las grandes inversiones. Sin nuevos proyectos, el crecimiento terminará perdiendo impulso.
A ello se suma un elemento político que no puede pasar desapercibido. Las próximas elecciones regionales y municipales significarán un cambio de autoridades en todo el país. La experiencia demuestra que los primeros meses de una nueva gestión suelen traducirse en una desaceleración de la inversión pública debido a los procesos de reorganización y aprendizaje de los nuevos equipos técnicos. Evitar que esa transición paralice obras y proyectos será una responsabilidad compartida entre las autoridades salientes y las entrantes.
El Perú tiene hoy una oportunidad valiosa. Después de varios años de incertidumbre, muchas regiones muestran indicadores positivos y un entorno favorable para seguir creciendo. Pero el desarrollo no depende únicamente de cifras macroeconómicas. Requiere planificación, estabilidad, infraestructura, inversión y una gestión pública eficiente.
