Considerar a las regiones ignorantes es el eterno error de la mirada capitalina
Por: Daniela Nickole Santander
Una reflexión sobre el centralismo en los medios de comunicación y la literatura
Seamos honestos, el centralismo en el Perú no es un tema que afecte solo a la economía o a la política. La verdad es que cala con mucha fuerza en las dinámicas de los grandes medios de comunicación y en los circuitos culturales que operan desde Lima. Existe una especie de narrativa invisible, construida desde la comodidad de la capital, que tiende a mirar por encima del hombro al interior del país, asumiendo una supuesta falta de sofisticación o «ignorancia» en nuestras regiones. Sin embargo, encasillarnos bajo ese sesgo condescendiente siempre será el peor error de la mirada capitalina. Sobre esto, el periodista y escritor arequipeño, Jorge Malpartida Tabuchi nos ofreció una perspectiva bastante crítica y muy necesaria sobre cómo esta desconexión distorsiona tanto la forma en que se entienden los problemas sociales como el verdadero valor de lo que se escribe fuera de Lima.
Malpartida, quien conoce la cancha desde dentro porque formó parte de la redacción del diario El Comercio, nos explicaba que este problema responde a taras estructurales que compartimos con otros países vecinos y también muy centralistas, como Chile o Colombia. El problema es que, cuando se analiza la realidad regional con esa ligereza desde un escritorio limeño, la factura que se paga en los momentos de crisis es altísima. «Esta mirada de centrarnos solo en un territorio, en un espacio, genera a veces sesgos, genera deficiencias en coberturas», advirtió el periodista.
Seguro lo han notado en la televisión o en las redes: el punto más crítico de esta soberbia centralista aparece siempre en el tratamiento de las protestas y los conflictos sociales. Los medios masivos suelen poner las cámaras en las regiones únicamente cuando hay un impacto directo, como el bloqueo de una carretera, y lo primero que hacen es tildar los reclamos de radicales o violentos. “Lo que esta narrativa cortoplacista olvida por completo es que, detrás de ese estallido, hay una desatención institucional tremenda que se ha prolongado durante meses o temporadas enteras”. Al asumir erróneamente que las demandas de los ciudadanos nacen de la desinformación y no de un olvido real, la prensa capitalina tropieza una y otra vez con su propia incapacidad para leer al Perú real.
Y ojo, porque este mismo prejuicio que empaña las noticias se traslada idéntico al mundo de los libros. Parece que desde la capital nos dijeran, de forma muy arrogante, que si eres un escritor de región estás obligado a encasillar tu obra solo en temas de identidad local, memoria o tradición. En el caso de Arequipa, por ejemplo, se cree que nuestra producción literaria está condenada a girar siempre en torno al sillar y los yaravíes, arrinconándola a una categoría puramente folclórica.
Para Malpartida, descentralizar el mapa de las letras peruanas implica también derribar los complejos de inferioridad que a veces se imponen desde los circuitos comerciales convencionales. El autor defiende que el talento regional posee la madurez para consolidarse en cualquier vitrina sin perder su identidad, rompiendo con clasificaciones excluyentes. «Nos rompe esta idea de que lo que se hace en regiones es como la Copa Perú de la literatura, que solo lo principal se está haciendo en una sola región (…); en regiones tenemos autores que tienen esa capacidad no solo de, entre comillas, competir, sino de mostrar que la literatura peruana es mucho más potente que solo una voice», concluye.
Con esa idea en mente nació Lector Beta, un podcast que ya lleva dos años al aire y que en su nueva temporada nos acerca al trabajo de autores de Arequipa, Puno, Cusco y Amazonas. El proyecto nos mete en los talleres de creadores como Zoila Vega (ficción histórica), Yuri Vázquez (género policial), Rosario Cardeña (literatura infantil y juvenil), Alfredo Herrera (poesía), Dina Anco (memoria amazónica) y Alberto Almirón, que escribe en quechua. ¿El resultado? Una demostración clarísima de que ser un autor regional no te quita la capacidad de hablar de la condición humana desde el terror, el suspenso o la ciencia ficción.

Si queremos descentralizar de verdad el mapa de las letras y de la información en nuestro país, tenemos que empezar por sacudirnos los complejos de inferioridad que a veces nos quieren imponer los circuitos comerciales tradicionales de Lima. El talento y el análisis crítico que hay en las regiones tienen la madurez de sobra para pararse en cualquier vitrina sin pedirle permiso a nadie.
Al final del día, frente al sesgo centralista, los medios locales y los espacios independientes tenemos la misión de armar nuestra propia agenda y ofrecer historias que escapen a las lógicas colonizadoras de la capital. El Perú es gigante y va muchísimo más allá de lo que se decide en un set de televisión limeño. Si a ti también te interesa explorar estas herramientas y hacer escuchar tu propia voz a través de los cuentos o las crónicas, te paso el dato: Malpartida dictará un taller de escritura creativa desde este 11 de julio en el espacio cultural Grieta (justo frente al Monasterio de Santa Catalina). Una excelente oportunidad para sumarse a este ecosistema cultural que se mueve con fuerza y que, por supuesto, se niega rotundamente a ser silenciado o subestimado.
