La tiranía del mañana en Arequipa

Por: David Tuesta, presidente del Consejo Privado de Competitividad

Séneca advertía en su texto, De la brevedad de la vida, que no es que la vida sea corta, sino que desperdiciamos buena parte de ella postergando lo importante. Esa reflexión, escrita hace casi dos mil años, describe con sorprendente precisión uno de los mayores problemas de la inversión pública en el Perú y, particularmente, en Arequipa: la tiranía del mañana. Obras que siempre estarán listas “el próximo año”, proyectos que esperan una nueva adenda, un nuevo expediente o presupuesto. Mientras tanto, el desarrollo también queda en pausa.

En economía existe un principio ampliamente aceptado: la inversión pública solo genera crecimiento cuando se transforma en infraestructura que presta servicios a los ciudadanos. Un hospital en construcción no mejora la salud; una carretera inconclusa no reduce los costos logísticos; una irrigación paralizada no aumenta la productividad agrícola. Mientras una obra permanece detenida, el capital público permanece inmovilizado y la sociedad deja de recibir los beneficios que justificaron esa inversión. El tiempo, por tanto, también tiene un costo económico.

Arequipa registra hoy 2 107 proyectos activos en Invierte.pe, un 7,7% menos que hace un año. De ellos, 1 949 proyectos —el 92% del total— están bajo responsabilidad del Gobierno Regional y de los gobiernos locales. Pero el verdadero problema no es el número de proyectos, sino su capacidad para convertirse en obras terminadas y útiles para la población. Y es precisamente allí donde aparecen las mayores alertas.

Los retrasos constituyen el principal cuello de botella. El Gobierno Regional acumula un retraso promedio de 2 059 días, es decir, más de cinco años y medio. Esta cifra supera en 135% el promedio nacional de los gobiernos regionales y representa un deterioro de 45% respecto del año anterior. Entre los proyectos con mayores retrasos figuran obras fundamentales para el futuro de Arequipa, como Majes-Siguas II, el nuevo Hospital Goyeneche y la vía troncal que conectará Miraflores, Alto Selva Alegre, Yanahuara, Cayma y Cerro Colorado, todos con demoras cercanas o superiores a los 3 000 días.

La situación tampoco es favorable en las municipalidades. 852 proyectos presentan retrasos, con un promedio de 492 días, superior al promedio nacional para los gobiernos locales. Distritos como Paucarpata, Cerro Colorado, Yarabamba y La Joya concentran buena parte de estas demoras.

Estas cifras representan mucho más que un problema administrativo. Cada día adicional de retraso significa pacientes que siguen esperando un hospital mejor equipado, agricultores que continúan sin acceder a infraestructura de riego, familias que pierden horas en vías congestionadas y empresas que enfrentan mayores costos para producir y transportar. En otras palabras, cuando una obra se posterga, también se posterga el crecimiento económico, la competitividad y las oportunidades de miles de arequipeños.

A este problema se suma otro igualmente preocupante: los sobrecostos. En el Gobierno Regional, 84 de los 158 proyectos ya superan el presupuesto previsto en sus expedientes técnicos. Aunque la situación mejoró respecto del año pasado, el incremento promedio sigue siendo de 121%, muy por encima del promedio nacional de los gobiernos regionales, que alcanza 84%.

En los gobiernos locales el deterioro ha sido aún mayor. La variación promedio de costos pasó de 52% a 145% en apenas un año, casi el doble del promedio nacional para este nivel de gobierno. Existen incluso casos extremos, como el proyecto de mejoramiento del Centro de Salud de Chuquibamba, cuyo costo actualizado supera en 9.364% el presupuesto originalmente aprobado. Cuando un proyecto termina costando varias veces más de lo previsto, el problema deja de ser únicamente financiero: revela fallas graves en la planificación, en los expedientes técnicos y en la gestión de las inversiones.

La evidencia internacional es contundente. Los territorios que logran desarrollarse no son necesariamente aquellos que destinan más recursos a la inversión pública, sino aquellos que cuentan con instituciones capaces de transformar esos recursos en infraestructura de calidad, terminada a tiempo y al servicio de la ciudadanía. La diferencia entre el éxito y el rezago rara vez está en el presupuesto; casi siempre está en la capacidad de gestión.

Arequipa posee todas las condiciones para seguir siendo uno de los motores económicos del Perú. Pero ese liderazgo exige romper con la cultura de la postergación que durante años ha acompañado a demasiadas obras públicas. La mayor amenaza para el desarrollo regional no es la falta de recursos. Es haber convertido el “mañana” en la forma habitual de gestionar lo público. Y cuando el mañana se vuelve permanente, el desarrollo deja de ser una promesa para convertirse en una oportunidad perdida.

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