Grooming: delito que convierte la confianza de un menor en un arma para el abuso
Los agresores construyen vínculos para manipular, aislar y abusar de menores, muchas veces sin que su entorno lo advierta.
Por: Daniela Nickole Santander
«Contigo se puede conversar bien porque eres madura y eres más interesante que las de mi promoción». A los 13 años, esas palabras no alertaron del peligro a «Elena». Las sintió como una muestra de aceptación. Tras ingresar a un grupo en redes sociales, un hombre de 24 años comenzó a escribirle de forma constante. Lo que inició como una aparente amistad entre «iguales» desencadenó un proceso de manipulación, tocamientos indebidos , chantaje e hipervigilancia que marcó su adolescencia.
Hoy, con 25 años, el recuerdo aún arrastra sombras que calan hondo, reviviendo un miedo capaz de devolverla al cuerpo de aquella adolescente asustada. Su historia no es un caso aislado, es el reflejo de un patrón sistemático conocido como grooming: una estrategia de manipulación psicológica donde un adulto utiliza plataformas digitales para engañar y ganarse la confianza de un menor de edad con el fin de ejercer abuso o explotación sexual.
«Al principio lo consideré mi amigo. Me hablaba como si no fuera una niña y a esa edad muchos estábamos desesperados por sentir que ya no somos unos niños», relata Elena. Con el paso del tiempo, la interacción pasó de los chats a las cartas de amor y obsequios, aprovechando que la menor le compartía sus vulnerabilidades y problemas familiares. «Se mostraba muy comprensivo», recuerda.
Esta etapa inicial no es casualidad. El doctor Edson Pacheco, psiquiatra especializado en niños y adolescentes, explica que la sociedad suele equivocarse al pensar que el abuso sexual siempre ocurre de forma violenta o repentina. «Muchos de estos casos conllevan diversas conductas previas antes de la consumación del abuso. El perpetrador se acerca al menor para generarle confianza y cercanía mediante comentarios, regalos o mensajes de seducción en internet. Es un proceso larvado y largo que precisamente dificulta que los chicos puedan identificar el peligro o denunciarlo», detalla el especialista.
Desde la perspectiva legal, esta fase de aproximación digital ya constituye una estrategia delictiva. El abogado penalista Christiam Ramírez Arce señala que los agresores cibernéticos suelen valerse del engaño y las plataformas más populares entre los jóvenes (redes sociales o videojuegos como Minecraft o DOTA) para establecer estos vínculos. «A través de perfiles falsos o haciéndose pasar por amigos contemporáneos, van ganando terreno hasta lanzar propuestas indecentes o consumar delitos de ciberdelincuencia e incluso trata» advierte el jurista.

En el país, la justicia ha endurecido las sanciones para frenar la impunidad en los entornos virtuales. De acuerdo con la Ley de Delitos Informáticos (Ley N° 30096) y el Código Penal, la sola conducta de contactar a un menor de 14 años mediante internet para solicitar material íntimo o proponer actos de connotación sexual configura el delito de proposiciones sexuales por medios tecnológicos, sancionado con penas de 6 a 9 años de prisión efectiva. Cuando las víctimas tienen entre 14 y menos de 18 años y existe engaño de por medio, la sanción oscila entre los 3 y 6 años de cárcel.
Tras ganar su confianza y entablar una supuesta relación sentimental, la agresión presencial y digital no tardó en escalar. El sujeto comenzó a buscarla a las afueras de su colegio, a enviarle contenido sexual explícito y a realizar tocamientos indebidos. Sin embargo, el punto de quiebre fue la pérdida de libertad. «Las cosas empezaron a ir mal cuando me amenazaba con no juntarme con mis compañeros de colegio. Luego me pedía fotos de forma insistente», cuenta Elena. Cuando intentó alejarse, llegaron las pesadillas, los ataques de pánico y la extorsión.
«Me amenazaba con exponerme como una prostituta ante todos». El Dr. Pacheco advierte que el aislamiento es la fase más peligrosa del grooming. «El agresor busca alejar al menor de sus factores protectores (padres, amigos, profesores), haciéndole sentir que el abuso es algo ‘normal’ o que estará en grave peligro si lo cuenta. Al privarlo de su red de apoyo, el niño o adolescente se queda sin medios para pedir ayuda» advierte.
Asimismo, el psiquiatra aclara un fenómeno muy recurrente que genera culpa en las víctimas, las respuestas físicas involuntarias ante los estímulos o la confusión provocada por la manipulación del adulto. Si el agresor les asegura que la situación es correcta o ‘normal’, se genera una distorsión que luego, al crecer, se transforma en vergüenza, miedo y silencio.
Uno de los detalles más dolorosos en el relato de Elena es la inacción de quienes la rodeaban. «Había gente mayor que sabía de esto y nunca hizo nada» recuerda . Fue gracias a la intervención de un compañero de colegio que logró romper el cerco, hablar con su familia y presentar una denuncia que derivó en una orden de alejamiento. Para evitar que más menores caigan en estas redes, los especialistas coinciden en que la prevención debe empezar de forma activa en el núcleo familiar. El primer paso fundamental es construir una canal de comunicación seguro y de escucha activa, donde los hijos sientan que sus palabras son siempre valiosas y creídas, garantizando que puedan expresar cualquier situación sin temor a ser juzgados. Asimismo, los padres deben permanecer atentos a las señales no verbales y de conducta, como cambios repentinos de humor, irritabilidad sin causa aparente, pesadillas o la resistencia marcada a visitar cierto lugar o interactuar con una persona específica.

De igual manera, resulta primordial encender las alarmas ante acercamientos inusuales de adultos, ya sean desconocidos en redes sociales o personas del entorno cercano que busquen de forma insistente quedar a solas con el menor. En el plano digital, el Dr. Pacheco remarca que la seguridad del menor debe primar sobre la privacidad, por lo que es imprescindible supervisar continuamente los contenidos, plataformas y contactos con los que interactúan en internet. Ante la sospecha o confirmación de un caso de grooming, acoso o ciberdelito contra un menor, las familias pueden acudir de inmediato a los canales de auxilio que dispone el Estado.
El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables pone a disposición la Línea 1810, un servicio gratuito enfocado en la protección integral de niños y adolescentes, además de la tradicional Línea 100 para la atención confidencial de situaciones de violencia.
