Liderazgo femenino: mandatos que analizar

Por: Susana Mendoza Sheen

La paridad política aún es un sueño por cumplir. Los resultados de la elección parlamentaria del último proceso electoral revelan que las mujeres todavía no ocupan el 50% de las curules. Si bien 70 parlamentarias han asumido funciones en el quinquenio 2026-2031, ellas representan apenas el 36.8% de los 190 integrantes del nuevo Congreso bicameral (60 senadores y 130 diputados).

Aunque es el mayor número de mujeres en la historia del Parlamento peruano, su representación proporcional no aumentó. En 2016, fueron elegidas 36 congresistas (27,7%) de un total de 130 escaños; en 2021, la cifra ascendió a 49 (37,7%). ¿Qué está ocurriendo para que, en una década, la representación femenina siga siendo tan limitada? ¿El machismo y la discriminación continúan cortándoles las alas a las nuevas generaciones de mujeres?

Las barreras institucionales explican parte de esta realidad. Horarios extensos y dinámicas de trabajo que se prolongan hasta altas horas de la noche suelen ser incompatibles con las responsabilidades de cuidado que aún asumen las mujeres. A ello se suman las barreras políticas: con frecuencia, las que participan en la vida pública son blanco de burlas por su aspecto físico, ataques relacionados con su vida familiar o campañas de acoso y desprestigio.

Sin embargo, considero que también existen barreras psicológicas que merecen ser analizadas. Me refiero a los mandatos, esos mensajes que padres, madres y cuidadores transmiten, consciente o inconscientemente, a niñas y niños durante la infancia. No profundizaré aquí en los aportes de Eric Berne, fundador del análisis transaccional, ni en el desarrollo posterior de esta teoría por parte de Robert y Mary Goulding. Señalaré que los mandatos son mensajes que pueden convertirse en una especie de voz interior que les dice a las personas lo que pueden y no pueden hacer.

Uno de esos mandatos es “no me superes”. Si una niña escucha con frecuencia frases como “hay personas mejores que tú” o “no te creas más que los demás”, puede aprender a temer al éxito y asociarlo con el rechazo o el conflicto. Otro mandato frecuente es “no lo logres”. Si se le transmite que “no sea tan ambiciosa” o que “es mejor ir a lo seguro”, podría crecer creyendo que alcanzar metas importantes implica riesgos que es mejor evitar. Así, puede limitar el desarrollo de su liderazgo o incluso autosabotearse ante el éxito.

Los mandatos se fortalecen en instituciones y dinámicas políticas que reproducen desigualdades. ¿Qué podría debilitarlos y contribuir a que más mujeres desarrollen su potencial como líderes? Quizá organizaciones verdaderamente inclusivas, con una cultura que valore el liderazgo femenino.

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