JORGE CÁCERES ARCE, RECTOR DE LA UCSM

«Descentralizar la universidad sin

sacrificar la calidad, el reto en Perú»

Jorge Cáceres Arce, rector de la Universidad Católica de Santa María (UCSM).

La expansión de la educación superior hacia las provincias del país representa una oportunidad para reducir las brechas educativas y acercar nuevas posibilidades de formación profesional a miles de jóvenes. Sin embargo, este proceso también puede generar mayores desigualdades si la creación de universidades no está acompañada de planificación, presupuesto, infraestructura, docentes especializados e investigación. Esta es una de las principales advertencias formuladas por Jorge Cáceres Arce, rector de la Universidad Católica de Santa María (UCSM), quien sostiene que la calidad universitaria debe mantenerse como el principal criterio para definir el futuro de la educación superior peruana.

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Para el académico, descentralizar la universidad es una necesidad y una responsabilidad del Estado, pero no significa simplemente instalar nuevas instituciones o abrir carreras en determinadas provincias. Una universidad necesita condiciones materiales y humanas que permitan garantizar una formación profesional competitiva. Por ello, considera que las decisiones sobre educación superior deben responder a criterios técnicos y a las necesidades reales de cada región, antes que a intereses políticos o decisiones de corto plazo.

“La calidad universitaria no se negocia” resume su posición. Cáceres Arce considera que el país debe discutir no solamente cuántas universidades necesita, sino qué profesionales requiere cada territorio, con qué nivel de preparación deben egresar y qué infraestructura existe para garantizar una formación adecuada.

Uno de los casos más delicados es Medicina Humana. La formación de médicos requiere laboratorios, equipamiento, docentes especializados y campos clínicos donde los estudiantes puedan desarrollar sus competencias. Por ello, abrir una facultad de Medicina en una zona que carece de especialistas y establecimientos adecuados podría terminar afectando tanto a los estudiantes como al sistema de salud.

La escasez de profesionales especializados, como neurólogos, pediatras o ginecólogos, constituye un problema sanitario, pero también limita la posibilidad de formar nuevos especialistas. En consecuencia, la expansión universitaria debería estar vinculada a las capacidades existentes y a las necesidades de cada territorio.

Otro aspecto central es el financiamiento. La creación de nuevas universidades públicas puede dispersar los recursos disponibles, especialmente aquellos provenientes del canon minero. Cáceres Arce advierte que fondos que podrían destinarse a laboratorios, investigación, equipamiento e infraestructura de universidades consolidadas podrían terminar distribuidos entre instituciones que todavía no cuentan con las condiciones necesarias para desarrollar plenamente sus actividades.

Por ello, plantea superar la lógica de “más universidades” y concentrarse en los resultados. La inversión pública debería estar vinculada a proyectos concretos, indicadores de desempeño y prioridades regionales. En una región como Arequipa, con minería, agricultura, industria, comercio y actividades vinculadas al sector marítimo, la universidad podría orientar su investigación hacia problemas productivos y sociales específicos.

La oferta académica también debería evitar la duplicación de carreras cuyos mercados laborales se encuentran saturados. Especialidades vinculadas con biología marina, agronomía, ingeniería, innovación tecnológica y otras áreas estratégicas podrían contribuir más directamente al desarrollo regional si forman parte de una planificación articulada entre universidad, Estado y sector productivo.

Desde esta perspectiva, la descentralización no debería medirse por el número de instituciones creadas, sino por la capacidad de las universidades para generar conocimiento, formar profesionales competentes y aportar soluciones a los problemas de cada región.

MERITOCRACIA Y CARRERA DOCENTE

Cáceres Arce también plantea la necesidad de preservar la meritocracia en la carrera universitaria. Cuestiona mecanismos que permitan el nombramiento de docentes sin procesos de evaluación y concurso que acrediten sus capacidades académicas.

A su juicio, la docencia universitaria debe sustentarse en la preparación, la especialización, la investigación y la producción académica. Quien aspire a desarrollar una carrera docente debe demostrar experiencia y formación, además de avanzar en estudios de posgrado y publicaciones.

La flexibilización de estos requisitos podría desmotivar a quienes han dedicado años a alcanzar una mayor especialización. Al mismo tiempo, los cambios en las condiciones laborales de los docentes deben estar respaldados por recursos suficientes, debido a que las universidades deben asumir nuevas obligaciones con presupuestos que ya enfrentan limitaciones.

El debate, por tanto, no es exclusivamente laboral. También involucra la calidad académica y la sostenibilidad financiera de las instituciones.

IA Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA

La transformación tecnológica constituye otro de los desafíos. La UCSM ha incorporado la Inteligencia Artificial a su oferta académica, pero el rector considera que su utilización debe desarrollarse con responsabilidad.

La IA puede fortalecer la investigación, la enseñanza y la innovación, pero no debe sustituir el pensamiento crítico ni la capacidad de análisis de los estudiantes. La universidad debe enseñar a utilizar estas herramientas, pero también a comprender sus límites, riesgos e implicancias éticas.

En esa línea, la UCSM capacitó previamente a sus docentes mediante programas de especialización en universidades de Polonia y México. Para Cáceres Arce, este proceso resulta indispensable porque una institución no puede pretender enseñar adecuadamente tecnologías que sus propios docentes no dominan.

La actualización permanente del profesorado se convierte así en un componente fundamental de la calidad universitaria.

LA UNIVERSIDAD VINCULADA  A LA CIUDAD

La propuesta del rector también amplía el papel tradicional de la universidad. La academia, sostiene, no puede limitarse a las aulas ni permanecer al margen de los problemas que afectan a la población.

Uno de esos problemas es el transporte urbano de Arequipa. La congestión vehicular, el crecimiento del parque automotor, la contaminación, los largos tiempos de viaje y los problemas de seguridad han convertido la movilidad en uno de los principales desafíos de la ciudad.

Ante esta situación, la UCSM desarrolló un anteproyecto de transporte masivo urbano, conocido como proyecto del “tren eléctrico”. La propuesta fue elaborada por un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de distintas especialidades, entre ellos ingenieros civiles, ambientales y mecánicos, además de especialistas en normativa ambiental.

El proyecto cobró nuevamente importancia luego del anuncio del Gobierno nacional sobre la necesidad de implementar un sistema de transporte masivo para Arequipa. La universidad decidió actualizar su propuesta y ponerla a disposición de las autoridades como un aporte técnico al debate sobre el futuro de la movilidad urbana.

El anteproyecto aún requiere evaluaciones técnicas, económicas, ambientales y de planificación pública. Sin embargo, representa también una señal sobre el papel que puede asumir la academia en la solución de problemas urbanos.

La intención de la UCSM es presentar formalmente la propuesta ante las instancias nacionales correspondientes y promover un diálogo con las autoridades vinculadas con los sectores de Transportes y Vivienda.

Para Cáceres Arce, la responsabilidad universitaria no termina cuando un estudiante obtiene su título. También implica producir conocimiento, desarrollar investigaciones y plantear soluciones frente a problemas como el transporte, la inseguridad, la informalidad y el deterioro ambiental.

EL DESAFÍO PARA EL PERÚ

La posición del rector plantea una interrogante de fondo: ¿cómo garantizar que la expansión de la educación superior no termine reproduciendo las desigualdades que busca reducir?

La respuesta pasa por entender que crear una universidad no constituye, por sí mismo, un indicador de desarrollo. Una institución sin infraestructura suficiente, docentes especializados, investigación y financiamiento sostenible puede convertirse en una promesa incumplida para miles de jóvenes.

La descentralización educativa debe estar acompañada de calidad y pertinencia. Cada región tiene características y necesidades diferentes, por lo que la oferta académica debería responder a su realidad económica, social y productiva.

En Arequipa, la actividad minera, agrícola, industrial y comercial genera una demanda de profesionales capaces de afrontar los desafíos actuales y anticiparse a los cambios tecnológicos y productivos.

Cáceres Arce plantea, en ese sentido, una doble responsabilidad para la universidad: defender la calidad dentro de las aulas y utilizar el conocimiento generado en ellas para contribuir a resolver los problemas que existen fuera del campus.

El debate sobre la educación superior peruana, por tanto, no debería limitarse a determinar cuántas universidades existen. Lo fundamental es evaluar cuántos profesionales competitivos se forman, cuánto conocimiento se genera, qué investigaciones se desarrollan y cuánto contribuyen las instituciones a resolver las necesidades de sus regiones.

RESALTAR

Una universidad no se define únicamente por sus edificios, aulas o número de estudiantes. Su verdadero valor está en su capacidad para formar profesionales competentes, investigar, innovar y devolver a la sociedad propuestas y soluciones.

El desafío del Perú es avanzar hacia una educación superior descentralizada, pero sin improvisación; invertir sin fragmentar los recursos; incorporar tecnología sin perder el criterio humano y ampliar las oportunidades sin sacrificar la calidad. En ese equilibrio se encuentra una de las claves para que la descentralización universitaria contribuya realmente al desarrollo del país.





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