Arequipa, entre la memoria y el futuro

Feliz aniversario, Arequipa. Que el orgullo de ser arequipeños se traduzca, cada día, en la responsabilidad de construir una ciudad mejor.

Arequipa cumple 486 años y vuelve a mirarse en el espejo de su historia. Lo hace orgullosa de su pasado, de sus tradiciones, de sus monumentos y de una identidad que ha sobrevivido al paso de los siglos. Pero un aniversario no debería ser solamente una oportunidad para celebrar lo que fuimos. También debe servir para preguntarnos qué ciudad queremos construir y qué estamos haciendo para merecer el futuro que imaginamos.

Arequipa tiene razones para sentirse orgullosa. Su arquitectura de sillar, sus tradiciones, su gastronomía, su campiña y la fuerza de su gente forman parte de un patrimonio que trasciende generaciones. Sin embargo, la identidad no puede convertirse en una pieza de museo. Ser arequipeño también significa asumir la responsabilidad de cuidar la ciudad, defender sus recursos y participar en la solución de sus problemas.

Hoy enfrentamos desafíos que no pueden esperar. El crecimiento urbano desordenado, la congestión vehicular, la falta de agua, las deficiencias de infraestructura, la contaminación y las brechas en salud y educación exigen respuestas que vayan más allá de discursos y celebraciones.

La ciudad necesita obras, pero también necesita planificación. Proyectos como Majes-Siguas, la autopista Arequipa-La Joya y las nuevas represas no son solamente construcciones de concreto. Representan oportunidades para generar empleo, fortalecer la agricultura, mejorar la conectividad y garantizar recursos para las próximas generaciones. Pero su éxito dependerá de la continuidad de las políticas públicas y de la capacidad de nuestras autoridades para mirar más allá del periodo para el que fueron elegidas.

Arequipa también necesita recuperar algo fundamental: la confianza en sus instituciones. Una sociedad que desconfía de sus autoridades termina resignándose frente a la ineficiencia, la corrupción y la improvisación. Por eso, el aniversario debe ser también un llamado a exigir transparencia, rendición de cuentas y resultados.

Pero la responsabilidad no corresponde únicamente a quienes gobiernan. También nos toca a los ciudadanos. La ciudad que queremos no se construirá solamente desde los municipios, el Gobierno Regional o el Congreso. Se construirá en nuestras calles, en nuestras escuelas, en nuestros hogares y en la manera en que respetamos el espacio público y al vecino.

A 486 años de su fundación, Arequipa conserva la fuerza de una ciudad que siempre ha sabido reinventarse. El reto ahora es hacerlo sin perder su esencia.

Que este aniversario no sea únicamente una mirada nostálgica hacia el pasado. Que sea una pausa para pensar, una oportunidad para corregir y, sobre todo, un compromiso con el futuro.

Arequipa no necesita solamente más años de historia. Necesita más años de desarrollo, justicia, orden y oportunidades.

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