Carlos Rodríguez: Arequipa, el impulso que no se detiene

Arequipa se ha ganado, con el tiempo y con el trabajo de su gente, un lugar propio en la historia del Perú. No es una región que dependa de nadie para sostener su identidad: la construye todos los días, en el sillar de sus casas, en el ingenio de sus mercados, en la firmeza con la que sus emprendedores abren un negocio y lo sostienen contra viento y marea.

Cada agosto, cuando la ciudad se prepara para celebrar un nuevo aniversario de su fundación, vale la pena detenerse a mirar lo que realmente sostiene a Arequipa: su gente. Las comerciantes del mercado de San Camilo que cada madrugada abren sus puestos y cultivan sabores que forman parte del patrimonio vivo de la región. Los talladores de sillar que convierten la piedra en piezas que hoy adornan casas e instituciones dentro y fuera del país. Los agricultores de la campiña que, generación tras generación, han sabido cuidar la tierra y hacerla producir. Ninguno de estos oficios es menor. Cada uno representa una tradición que Arequipa ha sabido mantener viva con disciplina y orgullo propio, y cada uno merece ser nombrado con el respeto que corresponde a quienes construyen, con sus propias manos, la economía de esta tierra, subrayó Carlos A. Rodríguez Martínez, presidente del Directorio de Caja Arequipa.

Esa misma fuerza explica por qué Arequipa ha sido, históricamente, una región que marca el paso antes que seguirlo. Su carácter emprendedor es una manera de entender el trabajo, la familia y el futuro. Se nota en cada negocio que nace pequeño y termina siendo una empresa consolidada, en cada oficio artesanal que se transmite de padres a hijos, en cada arequipeño que decide apostar por su tierra antes que buscar oportunidades en otro lugar. Esa decisión, tomada miles de veces a lo largo de generaciones, es la que ha dado a Arequipa su carácter propio dentro del Perú.

Desde Caja Arequipa, institución que nació en esta ciudad y que este año cumple cuarenta años de trabajo junto a sus emprendedores, miramos estas celebraciones con particular cercanía. No como espectadores, sino como parte de una historia que hemos tenido el privilegio de acompañar. Sabemos que el mérito de lo que Arequipa es hoy pertenece a quienes la habitan, la trabajan y la defienden con el mismo carácter que ha distinguido a esta tierra durante siglos.

Celebrar un nuevo aniversario no es solo recordar una fecha fundacional. Es reconocer que Arequipa sigue siendo, generación tras generación, una región que decide su propio camino. Y ese carácter, lejos de ser un rasgo del pasado, es la base sobre la que se construye lo que viene. Porque cuando Arequipa crece, hace que crezca también el Perú entero.

¡Feliz 486° aniversario, Arequipa!

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