Cuando te cae la nevada

Hay días en Arequipa en que algo parece cambiar en el aire. El cielo se encapota, el sol desaparece detrás de las nubes, el frío se instala en las calles y sin que nadie tenga que preguntarlo demasiado, alguien sentencia: “Le ha caído la nevada”. Todos entendemos. No hace falta traducción.
Porque la nevada arequipeña no es exactamente nieve. Es un fenómeno atmosférico que nuestros antiguos paisanos observaron, comentaron y hasta intentaron explicar científicamente. Y con el tiempo, aquella palabra terminó significando algo más: un cambio en el humor. El hombre afable se vuelve hosco, el conversador responde con monosílabos, el paciente pierde la paciencia y hasta los saludos parecen costar trabajo. “Está con la nevada”, decimos.
Lo curioso es que esta observación no nació ayer. A fines del siglo XIX, el médico arequipeño Antonio Lorena se ocupó del fenómeno y escribió sobre la llamada “nevada de Arequipa”. No la consideraba simplemente una ocurrencia popular, sino una particularidad atmosférica de nuestra ciudad y cómo aquel cambio del ambiente podía sentirse también en las personas.
Pocos años después, en 1908, otro médico arequipeño, Edmundo Escomel, volvió sobre el tema. Desde la medicina de su tiempo relacionó el clima de Arequipa con sus efectos sobre el organismo y el sistema nervioso. Sus explicaciones pertenecen, naturalmente, a otra época de la ciencia, pero resulta sorprendente que una expresión nacida de la experiencia cotidiana de los arequipeños llegara a convertirse en objeto de observación médica. “la nevada bajó del cielo al carácter”.
La literatura y el habla popular consolidaron la expresión. “Está con la nevada” pasó a describir ese estado transitorio en que el arequipeño parece otro. No necesariamente está enojado; simplemente está menos dispuesto a la cordialidad. Como si el clima hubiera descendido desde las nubes para instalarse, por unas horas, en el ánimo.
Mario Vargas Llosa, al referirse a esta peculiar expresión arequipeña, recordó precisamente esa transformación: el paisano que un día cualquiera puede ser cordial y conversador, pero que durante la “nevada” parece encerrarse en sí mismo, andar serio y hasta evitar el saludo. Después, cuando pasa la nevada, vuelve a ser el de siempre.
Hay algo muy humano en esta manera de explicarnos. En lugar de decir que alguien está antipático o que amaneció de mal humor, encontramos una causa exterior que, de alguna manera, lo disculpa: “está con la nevada”.
La expresión fue recogida también por estudiosos del lenguaje. Martha Hildebrandt señaló el particular significado sureño de “nevada” como el mal humor atribuido a los habitantes de Arequipa. Y Juan Guillermo Carpio Muñoz incorporó voces, expresiones y giros de este tipo, como patrimonio del habla arequipeña.
No hace falta médicos, escritores ni diccionarios para saber lo que ocurre una mañana gris en nuestra ciudad. Uno encuentra a un conocido, lo saluda y recibe una respuesta seca. Lo mira un instante y comprende. No pregunta qué le pasa. Tampoco insiste. Simplemente piensa: “A este le ha caído la nevada”.
Y ahí está la realidad concreta. Podrán cambiar los siglos, la medicina, las costumbres y hasta podremos olvidar muchas palabras antiguas. Pero hay algo que permanece: todo arequipeño reconoce a otro arequipeño cuando está con la nevada.
Porque en Arequipa la nevada ya no es solamente un fenómeno del clima. Es también una antigua y entrañable manera de entendernos, de mirarnos y, acaso, de perdonarnos un poco el mal humor.
