¡Salgamos a vivir!
Por: Verónica Coello Moreira
REFLEXIONES
Vivimos tiempos solitarios en los que la única compañía que deseamos está en la pantalla de nuestro celular. Pasamos horas incontables frente a una luz azul que nos llena de imágenes de gente feliz, haciendo lo que nosotros quisiéramos hacer, también nos bombardea con información sobre alimentación, vestuario, deporte y miles de millones de variaciones de las mismas recomendaciones, pero con otras caras que, al final, parecen todas iguales. Nos dejamos aturdir de imágenes, voces, ruido y sonido que nos empuja a permanecer pegados a una pantalla como si el dispositivo móvil se hubiera convertido en parte de nuestro cuerpo.
Hoy más que nunca pienso que la lectura y la escritura se han vuelto una forma de resistencia, de mantener lo valioso, de sostener nuestras propias ideas en un mundo que trata de imponernos las suyas y nos quiere obligar a que todos luzcamos de la misma manera tanto física como emocionalmente. La sociedad nos obliga a las mujeres a tener las mismas caras llenas de bótox con labios hiperhinchados y pómulos marcados con abundantes pestañas postizas en una cara que se sostiene de huesos porque otra vez la delgadez enferma está de moda. Otra vez las voces de otros son los que imponen una moda absurda que tiene a las mujeres sin comer e inyectándose de todo para lucir una talla irreal a su cuerpo porque nos han vendido que la delgadez es “el outfit”, pero si dejáramos a un lado el teléfono móvil, si lográramos salir de la influencia de las pantallas, tal vez podríamos ver el mundo real.
Es decir, el mundo de la vida cotidiana, donde trabajamos y hablamos con personas cuyas caras tienen rasgos personales que los vuelve únicos. Narices bellas porque son marca personal de una familia, ojos con carácter y bocas que sirven para besar y no solo para maquillar. En el mundo real, la gente come cuando tiene hambre y sentir hambre es normal, los excesos siempre harán daño, pero comer algo rico, aunque tenga un poco de azúcar, una vez al mes no mata ni enferma. Las obsesiones sí lo hacen. Entonces, encontrar espacios de tiempo libre donde se le abra las puertas a la lectura y oportunidades para escribir son deliciosos momentos que debemos promover, especialmente en la gente joven que apenas siente un minuto de aburrimiento toma el aparato móvil y revisa las mismas redes sociales una y mil veces como si algo nuevo fuera a aparecer.
Tomemos las riendas de nuestro tiempo y obliguémonos a pasar tiempo lejos de redes sociales, videos de YouTube y calmemos la necesidad de urgencia frente a un mensaje de WhatsApp. Recordemos que la vida nos pide desconectarnos de lo virtual para poder volver a conectar con lo real. Como decía Ralph Waldo Emerson: “Siempre estamos preparándonos para vivir, pero nunca estamos viviendo”; es hora, ¡salgamos a vivir!
