Arequipa no puede seguir volando a ciegas

Por Carlos Meneses

El problema no es solamente el vuelo que se cancela hoy. Es una falla estructural que se repite cada temporada de lluvias. Y mientras las autoridades siguen evaluando alternativas, Arequipa sigue pagando el costo de un aeropuerto que no está preparado para enfrentar una realidad climática perfectamente conocida.

La cancelación de al menos 22 vuelos en el Aeropuerto Internacional Alfredo Rodríguez Ballón no puede ser presentada simplemente como una consecuencia inevitable del mal tiempo. La baja visibilidad puede ser un fenómeno natural, pero que un terminal aéreo estratégico para Arequipa quede prácticamente paralizado cada vez que aparecen lluvias, neblina o nubosidad revela una deficiencia que tiene responsables y que, sobre todo, ya no admite más excusas.

Centenares de pasajeros fueron perjudicados. Turistas que llegaron a Arequipa para participar en las celebraciones por su aniversario terminaron varados, esperando una reprogramación y, en muchos casos, sin información clara sobre cuándo podrán continuar su viaje. Para una ciudad que pretende consolidarse como destino turístico nacional e internacional, esta es una pésima carta de presentación.

Y lo más grave es que no se trata de un hecho aislado. En febrero de este año, miles de pasajeros ya sufrieron las consecuencias de cancelaciones provocadas por la baja visibilidad. Entonces fueron alrededor de 5 mil afectados. Pasaron los meses, cambiaron las autoridades y nuevamente Arequipa enfrenta el mismo problema. La pregunta es inevitable: ¿qué hicieron las instituciones responsables durante todo este tiempo?

La explicación sobre la falta de equipos especializados tampoco es nueva. Se anunció la adquisición de instrumentos de aeronavegación, entre ellos un sistema ILS de categoría III, capaz de mejorar las operaciones en condiciones de visibilidad reducida. Sin embargo, los anuncios no aterrizan aviones y las promesas no garantizan conectividad.

Aquí también debe terminar el juego de trasladar responsabilidades. Aeropuertos Andinos del Perú tiene a su cargo la administración de la infraestructura concesionada, mientras que CORPAC es responsable de los servicios de aeronavegación y del control del tránsito aéreo. Cada institución tiene funciones definidas. Por ello, la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados concretos y no explicaciones burocráticas.

Resulta particularmente cuestionable el argumento de que invertir en estos equipos no sería rentable porque serían utilizados principalmente durante unos meses al año. El análisis costo-beneficio no puede limitarse al precio de un instrumento. Debe considerar cuánto pierde Arequipa cada vez que un vuelo es cancelado: hoteles, restaurantes, agencias de viajes, operadores turísticos, comercios y, por supuesto, pasajeros que deben asumir gastos adicionales.

Además, existen alternativas que merecen ser evaluadas. Los procedimientos de navegación RNP utilizados en el aeropuerto del Cusco demuestran que la tecnología y la coordinación entre CORPAC y las aerolíneas pueden abrir caminos para mejorar las operaciones en condiciones complejas.

Arequipa no pide privilegios. Exige que su principal puerta aérea esté a la altura de una ciudad que genera turismo, actividad económica y empleo.

La solución requiere decisión política, coordinación institucional y un cronograma público con responsables y plazos. Lo que no puede continuar es esta interminable sucesión de cancelaciones, perjuicios y promesas.

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