El país frente al cambio climático
Por: Carlos Meneses
El Perú no puede controlar el clima, pero sí puede decidir cuánto daño está dispuesto a permitir. Prepararse hoy será mucho menos costoso que reconstruir mañana. El verdadero desafío no es solo crecer más, sino construir una economía capaz de resistir el clima que ya estamos viviendo.
El crecimiento de la economía peruana vuelve a mostrar una fragilidad que no puede seguir tratándose como un problema coyuntural: nuestra dependencia de actividades productivas expuestas al clima. En el segundo trimestre de 2026, el PBI creció apenas 2.6%, su menor ritmo en nueve trimestres, mientras las actividades primarias retrocedieron 4.9%. La agricultura y la pesca fueron las principales víctimas, y con ellas también se perdieron 163 mil empleos.
Estas cifras deberían encender una alerta mucho más seria. El cambio climático ya no es una amenaza futura para el agro peruano; es un factor que está afectando cosechas, ingresos, empleo y crecimiento. La agricultura cayó 2% debido a condiciones climáticas adversas que perjudicaron cultivos como aceituna, cebolla y trigo. En la pesca, el golpe fue todavía mayor: la actividad se desplomó 49.2% por la suspensión de la primera temporada de anchoveta en la zona Norte-Centro.
El problema es que estos impactos no terminan en las estadísticas sectoriales. Detrás de cada campaña agrícola afectada hay productores con menores ingresos, trabajadores que pierden sus jornales y familias que reducen su consumo. La pérdida de 163 mil puestos de trabajo en las actividades primarias demuestra que el costo climático se traslada rápidamente al mercado laboral.
El contraste con otros sectores es revelador. La construcción creció 8.9%, el comercio 7.3% y los servicios 3.3%. Es decir, existen motores internos capaces de sostener la economía. Sin embargo, ese dinamismo no debería hacernos perder de vista el riesgo. Una economía que crece mientras sus actividades primarias se deterioran puede estar acumulando vulnerabilidades que terminarán cobrando una factura mayor.
Más preocupante aún es la situación del empleo juvenil. En el segundo trimestre se perdieron 73 mil puestos entre los jóvenes de 14 a 24 años y todavía faltan recuperar cerca de 300 mil empleos juveniles respecto de 2019. Si el cambio climático golpea precisamente a sectores intensivos en mano de obra, las consecuencias sociales pueden ser más profundas.
El país necesita pasar de la reacción a la prevención. Si el Fenómeno El Niño puede extender sus efectos hasta los primeros meses de 2027, no basta con atender emergencias después de que ocurran. Se requieren infraestructura resistente, sistemas de alerta temprana, asistencia técnica, seguros y financiamiento para los productores, además de una planificación agrícola que incorpore escenarios climáticos.
El crecimiento económico puede superar el 4% si las actividades primarias no son golpeadas por el clima, según las estimaciones citadas. Esa diferencia representa una oportunidad perdida, pero también una advertencia.
