Un nuevo horizonte para los viñedos arequipeños La apuesta por el vino de origen volcánico
Por: Daniela Nickole Santander
Entre valles moldeados por la geografía andina y bajo la sombra de un impresionante complejo de siete volcanes, la vitivinicultura local está reescribiendo su historia. Durante el periodo comprendido entre los siglos XVII y XVIII, Arequipa se posicionó como la zona productora más importante de América, una herencia que aún atestiguan las históricas tinajas coloniales que perduran en los valles de Vítor y Majes.
Hoy, esa tradición multisecular cobra un nuevo impulso con el desarrollo de los denominados vinos volcánicos, una producción selecta elaborada a partir de vides cultivadas en suelos enriquecidos con cenizas y regadas por aguas de manantiales andinos. Esta propuesta busca posicionar a la región en el segmento de la alta gastronomía, y también abrir un espacio diferenciado dentro y fuera del país. La iniciativa es impulsada por el ingeniero agrónomo y enólogo Marco Zúñiga. A través del aprendizaje heredado a lo largo de las generaciones, se elabora un producto natural que aprovecha las particularidades del suelo arequipeño, enriquecido históricamente por los eventos eruptivos del Huaynaputina en el año 1600 y la actividad constante del Sabancaya, factores que aportan minerales únicos al cultivo de la vid. Las vides crecen en tierras compuestas por rocas porosas como la toba volcánica y la piedra pómez, combinadas con arena, lo que permite una retención hídrica natural en condiciones climáticas extremas.
«Es un proyecto que busca explotar los suelos con alto contenido de ceniza volcánica y regados con aguas que le dan una mineralidad distinta a la uva. Esta mineralidad se transmite directamente al vino. Competimos de igual a igual con zonas como las islas Canarias o la región del Etna en Italia. Son vinos que representan a Arequipa, con mucha tipicidad e identidad propia», detalló el especialista.
Debido a que son vinos de autor elaborados en lotes pequeños con uvas minuciosamente seleccionadas, sus partidas limitadas tienen un costo superior al promedio, aunque mantienen una alta competitividad frente a los precios del mercado internacional. Aunque la marca busca ingresar con mayor fuerza en la mesa arequipeña para maridar platos emblemáticos como el camarón, actualmente sus principales clientes se concentran en prestigiosos restaurantes y hoteles de Lima y Cusco, enfocados en el turismo gastronómico que valora la combinación entre la cocina de alta gama y esta bebida artesanal.
Entre las 11 variedades, que abarcan blancos, rosados, tintos de guarda y generosos, destacan los vinos naranjos, elaborados con variedades como Mollar Patrimonial o Moscato de Hamburgo. Esta línea fue pensada específicamente para maridar con insumos icónicos de la gastronomía regional, como el camarón de río.

«En esos vinos naranjos hay mucha innovación y conocimiento técnico, además de saberes heredados por siglos. Combinamos las enseñanzas de los abuelos con el uso de tinajas del periodo virreinal y el rigor de laboratorio. Queremos que la gente vea al vino como lo que es: una bebida agrícola con un alto impacto social. El 60 % del valor de una botella se destina a la mano de obra en el campo, lo que permite llevar recursos desde la ciudad hacia las zonas rurales», subrayó Zúñiga.
La calidad de los vinos producidos en los valles de Vítor y Majes ha sido respaldada por diversos certámenes internacionales y nacionales. A la fecha, la marca acumula 31 medallas ganadas en los últimos tres años, incluyendo distinciones de oro para su Blend Tinto y Cabernet Franc en el Festival de la Vendimia Surcana en Lima.
