La potencia del no y el pachamamismo
Por Willard Díaz.
Marcos Mondoñedo es un profesor de Semiótica tensiva y de Psicoanálisis que ha sabido integrar ambos saberes con una visión política del mundo. Llegó a Arequipa para participar de las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana realizadas en la Escuela de Literatura de la UNSA. En una de ellas sostuvo con el público esta interesante conversación.
P. En estos tiempos la polarización de las opiniones y las prácticas parecen hacer imposible el diálogo. ¿Cuál sería en tu opinión una salida a esta parálisis? En Galileo, por ejemplo, hallamos junto a sus páginas científicas, páginas poéticas. Hoy entre los intelectuales hallamos la misma ambivalencia: por un lado el deseo de construir un método y por otro destacar que ese método surge de algo que se nos escapa, una poiesis. ¿Ves alguna manera de resolver esta contradicción?
R. Podría responder distinguiendo la particularidad y la singularidad. La particularidad, desde la perspectiva de Deleuze, es lo que resulta intercambiable desde una lógica general. Un particular es igual a otro, pertenecen a un mismo tipo y el tipo da el sentido a cada uno concreto.
La particularidad de Galileo, su pertenencia a su horizonte histórico sería su particularidad. Su singularidad estaría en eso que se produce con el corte de una modificación radical de los acontecimientos en occidente y genera de alguna manera esta crisis de la modernidad, la crisis ecológica. Entonces hay una dimensión particular y una dimensión singular.
Un acontecimiento vale por aquello que se sostiene en la singularidad y que se proyecta a una universalidad. La indagación por las particularidades es fundamental pero, utilizando una idea de Gadamer, la vería por el lado de la Tierra, que se repliega. Porque una cosa es el aparecer, la eclosión de lo nuevo, que se sostiene en un retiro que, utilizando ideas de Agamben, es la potencia del no. Yo relacionaría Tierra con potencia del no: esa resistencia a darlo todo en la eclosión. La potencia del no es la que permite que esa potencia no se acabe. Esa potencia también es fundamental.
Yo vería tu pregunta sobre Galileo con una relación entre la potencia y la potencia del no. Porque de otro modo, sin esto, caeríamos en el riesgo de hacer que la particularidad, la búsqueda por lo minucioso, diluya el acontecimiento. No está mal ubicar la tierra, ubicar la potencia, pero si sirve para decir que no hay acontecimiento, me resulta preocupante porque eso destituye el deseo. La propuesta psicoanalítica por el contrario es que el deseo te permite una idea de cambio radical, en una dimensión política.
Muchas veces en nuestro país las izquierdas son paradójicamente funcionales al capitalismo. En ese sentido, la propuesta del deseo es otra cosa. La posibilidad de esa otra cosa que es política y no policial, como diría Ranciere.
P. Esta lógica de la unidad donde no hay deseo no necesariamente proviene de una lógica occidental. En la práctica, cuando se presentan conflictos medioambientales son estas lógicas las que logran hacer oposición. Supongo que las lógicas mercantilizadas que llaman al perro “hijito” si es posible que anulen el deseo, pero en el caso de los pobladores defensores amazónicos del ecosistema, ¿se puede aplicar lo mismo?
R. Respondería saussureanamente. La relación del significante con el significado no es una relación de solidaridad sino de arbitrariedad. Los contenidos pueden ser diversos. Incluso puede haber ecologistas, defensores de la Amazonía, que son políticos en ese sentido. Su significante es político aunque su contenido o su significado es ecologista. Lo que importa es su función política de abrir una brecha.
Tania, mi esposa, me hizo una observación interesante respecto a la propuesta de la presidenta sobre los ríos que se van a desmadrar. Lo que la presidenta propone es descolmatar los ríos, y que los pobladores al lado del río que se vayan. “Múdense pues”.
Qué vemos ahí, la gestión de una crisis que oculta un problema profundo, que es que hay gente que vive ahí porque no tienen adónde más ir. El supuesto tratamiento de un problema climático es el ocultamiento de un problema de raíz, la pobreza radical de algunos aquí.
A eso me refiero, lo que importa es el corte a través de un semblante, cualquiera que este sea: ecologista, de vivienda, el que sea.
P. Me viene la idea contraria. En algunos sectores del país, incluso en sectores de la academia, el pachamamismo, el cosmismo andinista, parece una agenda política progresista. ¿Y dónde se haría el corte aquí?
R. Hay momentos históricos distintos. Tengo la sensación de que el grupo “Lupaca” en los años veinte defiende la causa de lo indígena desde una perspectiva de mistis, de señoritos que se vuelven mediadores ante la academia limeña revindicando el tema andino como un tema imprescindible para la agenda nacional del Perú en un momento determinado. Y esto me parecía pertinente y necesario.
Pero el problema es cuando esa mediación sustituye a un movimiento político autónomo, de los propios ciudadanos andinos. Álvarez Calderón, una investigadora de la Católica, ha descubierto que hay un movimiento político andino autónomo e independiente de los mediadores mistis que esos mediadores mistis han tratado de sofocar, aplastar, allanar. Incluso hicieron pactos con el gobierno de turno. No puede ser, hay que aplastar a estos autónomos andinos.
Encuentro esa diferencia. Por un lado la defensa de lo indígena pero con mediador. Y por otro el momento en que ese mediador se asume como el sujeto verdadero “porque las masas en realidad no están organizadas”, o “no saben hacerlo”. Ahí vería el corte.
Hay que reconocer la existencia de un sujeto político moderno en el hombre andino que hace su política y sus propias transacciones, y distinguirlo de ese “sujeto telúrico”, “místico, mesiánico, cuatripartito” que me parece una invención estructuralista, pero una invención al fin, de mistis que llegan a Lima y que se imponen en la universidad.
En fin.
