Las artes marciales como una herramienta de defensa personal para las mujeres
La técnica, más que la fuerza, permite desarrollar herramientas de autoprotección, para afrontar situaciones de riesgo
Por: Daniela Nickole Santander
Frente a los desafíos de seguridad que enfrentan las mujeres en el espacio público, la búsqueda de herramientas reales de autoprotección ha llevado a un interés creciente por los deportes de contacto y las artes marciales. Disciplinas como el Muay Thai, el boxeo o el karate han dejado de verse como entornos exclusivamente masculinos para consolidarse como sistemas integrales de acondicionamiento, prevención y empoderamiento femenino.
Existe el mito recurrente de que defenderse con éxito en una situación de riesgo requiere una contextura imponente o una fuerza muscular desproporcionada. Sin embargo, la práctica marcial demuestra lo contrario: la efectividad de una respuesta radica en la técnica, la precisión y la comprensión del propio cuerpo.
Para Andre Omar Delgado Hinojosa, entrenador y practicante de Muay Thai, los deportes de combate comparten una base técnica que se adapta a la anatomía de mujeres de cualquier contextura o estatura.

«Todas las artes marciales comparten ese concepto: la fuerza de un golpe no viene porque tengas el brazo o la pierna más grande, sino de aprender el lado técnico. Esa transferencia de energía nace de todo el cuerpo, principalmente del uso de la cadera. Las mujeres aprenden a defenderse de manera eficiente porque entienden cómo aplicar la técnica, en dónde golpear y en qué espacio hacerlo», explica el especialista.
A diferencia de los sistemas de entrenamiento convencionales, los deportes de contacto ofrecen un repertorio diverso que se ajusta a cada escenario. El trabajo de puños heredado del boxeo aporta velocidad y precisión en distancia corta; las patadas frentales de empuje (teep) o el karate permiten mantener alejado al agresor, mientras que el uso de codos y rodillas del Muay Thai resulta letal cuando el espacio se reduce drásticamente.
No obstante, en el contexto de la defensa personal, el primer objetivo de las artes marciales es la prevención y la lectura táctica del entorno. «Los deportes de contacto se asemejan a una situación real porque existe el trabajo inmediato con el cuerpo. Pero la defensa personal siempre se busca como una última herramienta cuando no queda otra opción. No vas a responder necesariamente con un golpe; de repente usas un empuje frontal para marcar distancia y evitas un conflicto mayor porque aprendes a controlar la situación», detalla Delgado.
El aporte fundamental de practicar artes marciales o deportes de combate radica en el plano psicológico. El entrenamiento continuo expone a la practicante a situaciones de tensión controlada, lo que entrena al cerebro para no paralizarse por el pánico ante una amenaza real. «Aprender un deporte de contacto les da a las mujeres una seguridad indispensable. Al tener la confianza de saber utilizar su cuerpo, desplazarse y reaccionar, van a actuar frente a un peligro con mucha mayor firmeza. Frente a una agresión, ya no actúas con miedo, sino con inteligencia», concluye el instructor.

De esta manera, la masificación de las artes marciales en Arequipa se proyecta como una alternativa de salud física y mental, pero sobre todo como un escudo de autonomía y confianza que permite a las mujeres transitar su día a día con determinación y seguridad.

