SEGÚN INFORME DE INAIGEM

Perú perdió 59 % de sus glaciares en 6

décadas y aumentan riesgo de aluviones

Los deshielos de los nevados generando condiciones de riesgo para las poblaciones ubicadas en las zonas bajas.
El retroceso glaciar provoca la formación de nuevas lagunas.
Tras la tragedia ocurrida en la frontera entre Nepal y China, se recomienda monitorear los nevados.

El Perú ha perdido alrededor del 59 % de su superficie glaciar durante las últimas seis décadas, una evidencia del impacto que el calentamiento global y el cambio climático están teniendo sobre los ecosistemas de alta montaña. El dato forma parte del nuevo Inventario Nacional de Glaciares elaborado por el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), documento que será presentado próximamente.


La directora de Investigación en Glaciares del INAIGEM, Paola Moschella Miloslavich, explicó que el inventario registra además la existencia de aproximadamente 4 500 glaciares en el territorio nacional. La reducción de estas masas de hielo no solo representa una transformación del paisaje andino, sino que también está generando nuevas condiciones de riesgo para las poblaciones ubicadas en las zonas bajas.

Según la especialista, el retroceso glaciar provoca la formación de nuevas lagunas y la expansión de aquellas que ya existían. Este proceso puede incrementar la posibilidad de desbordes y otros peligros de origen glaciar.

528 LAGUNAS EN RIESGO

Los estudios desarrollados por el INAIGEM han permitido identificar 528 lagunas glaciares que presentan algún nivel de riesgo de desborde en el país. De este total, 58 fueron clasificadas como de muy alto riesgo. La mayor concentración de estos cuerpos de agua se encuentra en las regiones de Áncash y Cusco.

La preocupación se debe a que el crecimiento de las lagunas puede estar acompañado por desprendimientos de hielo, rocas u otros materiales que, al caer sobre ellas, pueden generar ondas y desbordes capaces de desplazarse rápidamente por las quebradas y cauces.

Moschella recordó que estos fenómenos no son nuevos en el país y evocó el devastador aluvión que destruyó Yungay, en Áncash, en mayo de 1970. En aquella tragedia, grandes bloques de hielo se desprendieron del nevado Huascarán y descendieron por las pendientes junto con rocas y otros materiales.

La velocidad y magnitud del desplazamiento provocaron la destrucción de la ciudad y dejaron miles de víctimas. Para la investigadora, este episodio constituye un ejemplo de la capacidad destructiva que pueden alcanzar los fenómenos asociados a la dinámica de los glaciares.

MONITOREO PERMANENTE

Ante este escenario, el INAIGEM viene desarrollando herramientas destinadas a identificar las áreas que podrían resultar afectadas por aluviones y otros eventos relacionados con el retroceso glaciar.

La institución elaboró un mapa de riesgo utilizando información obtenida mediante estudios especializados en zonas glaciares y modelos computacionales. Esta herramienta permite determinar posibles rutas de desplazamiento de las masas de hielo, rocas y agua, así como identificar los centros poblados que podrían encontrarse en zonas de peligro.

Uno de los sectores bajo vigilancia es el entorno del nevado Huascarán, donde se ha identificado un glaciar susceptible de presentar desprendimientos y agrietamientos. Los especialistas realizan un seguimiento mediante fotografías periódicas para observar la evolución de las grietas y detectar posibles avalanchas.

La información obtenida permite brindar asistencia técnica a las autoridades locales para establecer medidas de prevención. Entre ellas se encuentran la implementación de sistemas de alerta temprana, la elaboración de mapas de evacuación y la identificación de zonas seguras para la población.

El objetivo es reducir el impacto de posibles emergencias mediante una respuesta anticipada, especialmente en comunidades ubicadas cerca de quebradas, ríos y lagunas de origen glaciar.

TECNOLOGÍA PARA EMERGENCIAS

Como parte de esta estrategia, recientemente comenzaron los trabajos para implementar el Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña. En una primera etapa, se puso en marcha el monitoreo en tiempo real de tres lagunas ubicadas en Cusco, Áncash y Huánuco, consideradas entre las de mayor riesgo.

Este sistema permitirá detectar cambios que puedan representar una amenaza y generar avisos para las instituciones encargadas de responder ante una emergencia. Una de sus características es la posibilidad de enviar alertas automatizadas directamente a los teléfonos celulares de los responsables de las entidades competentes.

La tecnología busca reducir el tiempo entre la identificación de un peligro y la activación de los mecanismos de respuesta. Para ello, el monitoreo permanente resulta fundamental.

Los estudios y simulacros realizados por el Inaigem han establecido que, dependiendo de la ubicación de los centros poblados respecto de las zonas de peligro, una población puede disponer de aproximadamente entre 10 y 20 minutos para evacuar después de producido un aluvión.

Este margen es reducido y obliga a que las autoridades y ciudadanos conozcan previamente las rutas de evacuación y las zonas seguras.

CAMBIO CLIMMÁTICO OBLIGA A PREVENCIÓN

La pérdida de glaciares constituye uno de los indicadores más visibles del cambio climático en los Andes peruanos. Aunque el retroceso de estas masas de hielo también tiene implicancias sobre la disponibilidad futura de agua, el Inaigem advierte que en el corto plazo existe además un desafío relacionado con la seguridad de las poblaciones

La reducción del 59 % de los glaciares registrada en las últimas seis décadas muestra la dimensión del cambio que experimentan las montañas peruanas. Frente a esta realidad, la investigación y la prevención se convierten en herramientas esenciales para proteger tanto los ecosistemas como a las poblaciones asentadas en las zonas de influencia de los glaciares.

NOTA COMPLEMENTO-TRAMADO

En Arequipa son

Chila y Huanzo

Dos cordilleras glaciares de Arequipa podrían desaparecer en los próximos 20 años. Chila, en Caylloma, ya perdió el 97,26 % de su cobertura glaciar y Huanzo, que comprende territorios de Castilla y La Unión y se extiende hacia Cusco y Ayacucho, registra una pérdida del 87,7 %, según información del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM).

El retroceso también es significativo en la cordillera Ampato, en el ámbito de Lluta, Caylloma, donde se perdió cerca del 58,45 % de los glaciares. Los registros muestran así que el deterioro no se concentra en el Coropuna, el nevado que suele acaparar la atención pública, sino que alcanza a otros sistemas glaciares de la región. En Chila y Huanzo, la pérdida acumulada compromete la permanencia de estos sistemas en las próximas dos décadas.

El escenario regional forma parte de una reducción que alcanza a todo el país. El reciente Inventario Nacional de Glaciares del INAIGEM establece que Perú perdió el 59 % de sus glaciares durante las últimas seis décadas y que actualmente cuenta con unos 4 500. El calentamiento global y el cambio climático aceleran este proceso y modifican las condiciones de los territorios de alta montaña.

El retroceso glaciar también está generando nuevos escenarios de riesgo. La pérdida de hielo favorece la formación de nuevas lagunas y la expansión de las existentes. El INAIGEM identificó 528 lagunas con riesgo de desborde en el país, 58 de ellas con riesgo muy alto. Sus estudios y simulacros estiman que, dependiendo de la distancia, un aluvión podría alcanzar un centro poblado entre 10 y 20 minutos después de producirse.

Al respecto, Delmy Poma Bonifaz, vicepresidenta de la ONG Descosur, sostuvo que frente a esta transformación es necesario ampliar la investigación más allá de la dinámica de los glaciares y considerar las necesidades de quienes habitan estos territorios. “El deshielo no solamente involucra a los glaciares, sino también a los medios de vida dentro de esos territorios, que son flora, fauna y obviamente poblaciones que dependen de los nevados para obtener agua”, señaló.

Adicionalmente, Poma Bonifaz advirtió que esta tarea enfrenta una brecha de capacidades profesionales. Según explicó, existe poco interés de jóvenes egresados de carreras como ingeniería ambiental y agrícola por especializarse en alta montaña, pese a las crecientes necesidades de investigación y monitoreo. Por ello, Descosur impulsa junto con el INAIGEM programas de especialización en gestión, manejo y monitoreo de ecosistemas de alta montaña.

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