El Chullo: prevenir hoy para no lamentar mañana

Por Carlos Meneses

Las ocho pozas deben construirse a tiempo, pero también debe ejecutarse el conjunto de obras previstas. Prevenir un desastre siempre será menos costoso que reconstruir una ciudad después de la emergencia.

Arequipa no puede volver a esperar una emergencia para actuar. Los desbordes registrados el 19 y 22 de febrero dejaron una advertencia demasiado clara: más de 500 viviendas afectadas, vehículos arrastrados y calles cubiertas por piedras, lodo y agua. Frente a esa realidad, la construcción de ocho pozas disipadoras en la parte alta de la torrentera El Chullo constituye una medida necesaria, pero no debe convertirse en una solución aislada ni tardía.

Las estructuras proyectadas en Cerro Colorado tienen una función concreta: retener piedras, barro y sedimentos antes de que estos materiales lleguen a las zonas urbanas y reducir la velocidad y fuerza del caudal. Su impacto beneficiará no solo a Cerro Colorado, sino también a sectores de Cayma y Yanahuara que se encuentran expuestos al comportamiento de esta torrentera.

El proyecto, que demanda una inversión de más de S/37 millones para las intervenciones prioritarias en los tres distritos, debe avanzar sin las demoras burocráticas que tantas veces terminan convirtiendo una obra preventiva en una obra de emergencia.

Septiembre ha sido establecido como plazo para completar diseños, permisos y gestiones de financiamiento. Octubre debería marcar el inicio efectivo de los trabajos. No hay espacio para postergaciones si se pretende contar con infraestructura operativa antes de la próxima temporada de lluvias.

Pero las pozas son solo una parte de la respuesta. Se necesitan muros de contención, ampliación y profundización de determinados tramos del cauce, estructuras hidráulicas adecuadas y la atención de los puntos donde puentes y construcciones reducen la capacidad de conducción del agua.

También resulta urgente avanzar con el nuevo puente El Chullo y la reposición del puente Independencia. No tiene sentido invertir millones en controlar el cauce y mantener, al mismo tiempo, obstáculos que pueden generar represamientos y aumentar el riesgo para la población.

Hay otro problema que no puede ser ignorado: la ocupación de sectores de la faja marginal. Las autoridades municipales deben hacer cumplir las normas y evitar que nuevas viviendas o edificaciones continúen acercándose al cauce. La prevención no consiste únicamente en construir cemento; también implica ordenar el territorio y hacer respetar las zonas de seguridad.

El financiamiento será otro desafío. Los municipios han reconocido que no cuentan con recursos suficientes y deberán gestionar apoyo del Gobierno central y explorar mecanismos como Obras por Impuestos, incluida la participación de empresas privadas. Si la falta de presupuesto vuelve a ser la excusa, las consecuencias pueden resultar mucho más costosas.

El proyecto de El Chullo debe convertirse en una política de prevención y no en una reacción coyuntural. Arequipa conoce los efectos de las lluvias intensas y no puede darse el lujo de repetir las imágenes de febrero.

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