Arequipa cambia de alcalde otra vez mientras se acumulan obras pendientes

Rolando Bedregal asumió la alcaldía provincial de Arequipa.

La Municipalidad Provincial de Arequipa atraviesa una etapa de marcada inestabilidad política que podría terminar afectando directamente la continuidad de las obras y servicios que requiere la ciudad. En pocos meses, tres autoridades han asumido la conducción del gobierno municipal, una situación que genera incertidumbre sobre el rumbo de la gestión y el cumplimiento de los proyectos pendientes.

El primer cambio se produjo tras la vacancia de Víctor Hugo Rivera, quien dejó el cargo de alcalde provincial luego de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) oficializara su salida, en el mes de mayo. La conducción de la comuna pasó entonces a manos de Ruccy Oscco, quien asumió el despacho municipal en medio de una serie de cuestionamientos relacionados con el avance de obras, la ejecución presupuestal y las condiciones en que se vienen desarrollando diversos proyectos.

Sin embargo, la permanencia de Oscco también quedó condicionada por el calendario electoral. Al solicitar licencia para participar como candidata a la Alcaldía Provincial de Arequipa en las Elecciones Regionales y Municipales 2026, la administración municipal volvió a experimentar un cambio de mando.

Ahora, el despacho provincial está a cargo del regidor Rolando Bedregal, quien asumió oficialmente el cargo ayer. Con ello, Arequipa tiene en pocos meses a su tercer alcalde, una sucesión que evidencia la fragilidad política de la institución municipal y que obliga a preguntarse cuánto puede avanzar una administración cuando sus principales decisiones están sujetas a constantes cambios.

El problema no se limita a quién ocupa el sillón municipal. La verdadera preocupación está en las consecuencias que esta inestabilidad puede generar para la ciudad. Arequipa mantiene obras pendientes, proyectos cuestionados y trabajos que han presentado deficiencias en su ejecución. Casos como intervenciones viales que requieren reparaciones, proyectos que acumulan retrasos y obras cuya calidad ha sido observada alimentan la percepción de una gestión que no consigue consolidar resultados.

Cada cambio de autoridad implica también revisar prioridades, equipos técnicos y decisiones adoptadas por la administración anterior. El riesgo es que proyectos de largo plazo terminen subordinados a intereses políticos inmediatos o queden paralizados mientras la nueva autoridad organiza su gestión.

A menos de cuatro meses del cierre del año, el nuevo alcalde provincial tendrá que demostrar que el cambio de administración no significará más retrasos. La ciudad necesita continuidad, capacidad técnica y decisiones orientadas a resolver problemas concretos.

Arequipa no puede convertirse en una municipalidad de autoridades transitorias mientras las obras continúan esperando.

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