Arequipa votó, ahora toca responder
Por Carlos Meneses

Arequipa ya habló en las urnas. Ahora corresponde escucharla en sus necesidades cotidianas. La campaña terminó. Las promesas quedaron atrás. Desde ahora deben comenzar los resultados.

Arequipa acudió ayer domingo a las urnas y cumplió con una de las responsabilidades centrales de la democracia: elegir a quienes conducirán sus gobiernos regional y municipales durante los próximos años. Terminó la campaña, se cerraron las mesas y comienza ahora otra etapa, menos estridente y mucho más importante: conocer los resultados, respetarlos y exigir que quienes resulten elegidos cumplan con lo ofrecido.

Las primeras cifras muestran un escenario todavía abierto para el Gobierno Regional. Alfredo Zegarra aparece en el primer lugar de la boca de urna, mientras Elmer Cáceres Llica, Benigno Cornejo y Jenry Huisa están técnicamente empatados. La diferencia entre quienes disputan el segundo lugar es mínima. Por eso, ninguna conclusión definitiva puede extraerse todavía: serán las actas procesadas por la ONPE las que establezcan el orden final.

Pero más allá de los porcentajes, esta elección deja una primera obligación para quienes resulten ganadores: gobernar para todos. El voto no entrega un cheque en blanco ni convierte las promesas electorales en compromisos opcionales. La población ha votado en medio de problemas concretos que no desaparecerán con el cierre de las urnas.

La nueva administración regional recibirá una región que necesita acelerar inversiones, mejorar la infraestructura, atender las deficiencias de salud y educación, enfrentar los problemas de transporte y crecimiento urbano y, sobre todo, fortalecer la prevención frente a las lluvias y los efectos que pueda generar el Fenómeno El Niño. Los municipios enfrentarán, desde sus respectivas competencias, problemas igualmente urgentes: seguridad, limpieza pública, vías, servicios básicos y ordenamiento urbano.

Por eso, el resultado electoral debe leerse también como una exigencia. Quienes fueron elegidos tendrán que demostrar con obras, servicios y transparencia que la confianza recibida tuvo sentido. Y quienes no obtengan el triunfo deberán asumir el resultado con responsabilidad democrática, sin convertir la política en una permanente disputa electoral.

A los ciudadanos también corresponde una tarea. Fiscalizar no significa esperar cuatro años para reclamar. Significa preguntar desde el primer día cuánto se gastará, qué obras se ejecutarán, cuáles serán las prioridades y por qué determinadas decisiones se toman y otras se postergan.

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