Quemados son atendidos en otras áreas del Hospital Honorio Delgado

Afrontar la recuperación de tejidos destruidos por el fuego sin una cama de aislamiento es la realidad que enfrentan los pacientes en el Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza. El colapso total de la Unidad de Cirugía Plástica y Quemados obligó a desplazar a los heridos hacia otros pabellones o a tratarlos de forma ambulatoria, confirmó el jefe del servicio, Jorge Almendáriz.

El especialista explicó que el área cuenta únicamente con diez camas operativas, capacidad rebasada tras registrarse un incremento superior al 50 % en las atenciones. Debido a la falta de espacio, cuatro pacientes que requieren cuidados especializados permanecen internados en Pediatría y en el cuarto piso, mientras un solo cirujano recorre cuatro niveles del edificio para asistirlos.

La saturación impide hospitalizar incluso a víctimas de recientes incendios forestales, como un ganadero procedente de Puno con quemaduras en el rostro y la mano derecha. Al no encontrar cama disponible, el afectado asiste únicamente a curaciones ambulatorias y debe retirarse del nosocomio a la espera de un turno quirúrgico para recibir un injerto de piel.

Mientras otros heridos aguardan transferencias a hospitales periféricos que solo pueden ofrecerles tratamiento básico y limpiezas sencillas, los cuadros más críticos luchan por sobrevivir en emergencia. Actualmente, Teodoro Sano Choquehuayta, paciente afectado por un incendio forestal permanece intubado en la unidad de Shock Trauma, con el 55 % del cuerpo quemado y severos daños en las vías respiratorias.

Dentro del pabellón de quemados, el mayor desafío médico y humano lo protagoniza un niño de ocho años que sobrevivió a un incendio forestal con el 55 % de su superficie corporal afectada. El menor presenta lesiones profundas de tercer grado en toda el área comprometida y dispone de muy poca piel sana para su reconstrucción.

Almendáriz detalló que extraer tejido de las escasas zonas intactas del pequeño equivale a provocarle una nueva herida, lo que elevaría el porcentaje corporal dañado y podría causarle una descompensación mortal. El riesgo se agrava porque la unidad carece de cuidados intensivos propios, y enviarlo a una UCI general lo expondría a infecciones cruzadas.

Para suplir la falta de tejido propio existen sustitutos de piel sintética valorizados entre veinte mil y treinta mil dólares, pero el hospital no dispone del insumo y el Seguro Integral de Salud no lo financia. Ante esta carencia, los médicos apelan temporalmente a piel de cerdo liofilizada enviada por el Instituto Nacional de Salud del Niño, que solo ofrece una cobertura parcial.

Buscando una alternativa especializada para el menor, el equipo médico remitió hace tres días un expediente de referencia y sostuvo una videoconsulta con especialistas del Instituto Nacional de Salud del Niño. Sin embargo, el traslado del niño depende de que algún hospital de alta complejidad en la capital cuente con una cama libre para recibirlo.

El jefe del servicio anunció que aguardará una respuesta hasta este lunes; si Lima no acepta la referencia, intervendrá al menor en Arequipa con los recursos disponibles. Para proteger su vida, los cirujanos aplicarían injertos graduales en un 20 % o 30 % de su superficie corporal, iniciando por las piernas, que ya se encuentran limpias.

Esta alternativa quirúrgica local obligará al niño a permanecer al menos dos meses más internado, afrontando una recuperación lenta y progresiva. Entretanto, el personal médico continúa atendiendo el desborde de pacientes sin que se ejecute aún la ampliación de camas ni la contratación de especialistas para el servicio.

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