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12 MILLONES DE TRABAJADORES SIN UN TRABAJO FORMAL
Informalidad laboral alcanza al 70 %
del Perú y el empleo juvenil sin recuperarse
El IPE advierte que más de 12 millones de trabajadores carecen de empleo formal. En el caso de los jóvenes, tres de cada cuatro trabajan en la informalidad y todavía faltan recuperar 330 mil puestos respecto a 2019. Arequipa también enfrenta el desafío de generar empleos de calidad y mejorar la inserción laboral juvenil.
El mercado laboral peruano registra señales de recuperación, pero mantiene profundas brechas que afectan los ingresos, la productividad y las oportunidades de millones de trabajadores. Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), alrededor del 70 % de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad, mientras que el empleo juvenil continúa por debajo de los niveles anteriores a la pandemia.
Entre julio de 2025 y junio de 2026, el país generó 299 mil empleos adicionales respecto al periodo anual previo, de acuerdo con la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN). Asimismo, los registros de planilla muestran un incremento de 260 mil trabajadores formales, lo que sugiere que cerca del 90 % de los nuevos puestos correspondería al empleo formal.
Los ingresos laborales también mejoraron. En el último año crecieron 6,4 % en términos reales, el mayor avance desde 2007, si se excluye el efecto de recuperación posterior a la pandemia. En Lima Metropolitana, la tasa de desempleo llegó al 4,4 % durante el tercer trimestre de 2026, uno de los niveles más bajos desde que existen registros comparables en 2001.
Sin embargo, estos indicadores positivos no han resuelto los problemas estructurales del mercado laboral.
INFORMALIDAD Y BRECHAS REGIONALES
De los 17,7 millones de trabajadores que tiene el Perú, aproximadamente 12,3 millones son informales. Esta situación implica, en muchos casos, ausencia de beneficios laborales y menores ingresos. Según el IPE, un trabajador formal gana, en promedio, tres veces más que uno informal.
Las diferencias también se observan entre regiones. Cajamarca registra una informalidad del 89 %, Puno alcanza el 88 % y Apurímac llega al 87 %. En contraste, las tasas son menores en Lima (55 %), Ica (58 %) y Moquegua (59 %), territorios donde existe una mayor presencia de actividades vinculadas con la inversión privada.
Para Arequipa, estas cifras plantean el desafío de consolidar empleos formales y productivos en sus principales actividades económicas, entre ellas la minería, la industria, el comercio, los servicios y la agricultura. No obstante, la información presentada por el IPE no precisa una tasa específica de informalidad para la región, por lo que no corresponde atribuirle un porcentaje sin una fuente estadística regional comparable.
El estudio también advierte que el Perú mantiene un rezago frente a otros países. El Índice de Calidad de Empleo 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorga al país 29,2 puntos sobre 100, por debajo del promedio latinoamericano de 40,6 y de los 62,5 puntos de Chile.
La baja calidad del empleo repercute en la productividad: en promedio, un trabajador formal peruano produce seis veces más que uno informal. Además, la productividad del trabajador peruano promedio equivale aproximadamente a la mitad de la registrada en Chile.
JÓVENES, LOS MÁS AFECTADOS
Una de las principales alertas corresponde a la población de entre 15 y 29 años. Al segundo trimestre de 2026, el Perú todavía tenía 330 mil empleos juveniles menos que en 2019, lo que convierte a este grupo en el único que no ha recuperado su nivel de ocupación prepandemia.
La informalidad alcanza al 75 % de los jóvenes ocupados, frente al 65 % de los trabajadores de 30 a 44 años y al 66 % de quienes tienen entre 45 y 59 años.
A ello se suma que el 17 % de los jóvenes no estudiaba ni trabajaba en 2025. La proporción aumenta al 22 % entre las mujeres, casi el doble que entre los hombres, cuya tasa llega al 12 %. Una de cada cuatro mujeres jóvenes que no busca empleo señala que las tareas domésticas se lo impiden.
El desajuste entre la formación educativa y las necesidades empresariales constituye otra dificultad. En 2025, el 55 % de los egresados universitarios de entre 25 y 35 años trabajaba en ocupaciones que no requerían estudios superiores. Al mismo tiempo, ocho de cada diez empresas reportaban dificultades para encontrar personal calificado.
Esta situación resulta relevante para Arequipa, donde la formación técnica y universitaria necesita vincularse con las demandas efectivas de las empresas y las oportunidades de desarrollo de sus actividades productivas. Mejorar esa conexión permitiría facilitar el acceso de los jóvenes al primer empleo y reducir la contratación informal.
REFORMAS PENDIENTES
El IPE y otras organizaciones plantean reorientar la fiscalización laboral para priorizar los sectores y territorios con mayor informalidad. Según el informe, cerca del 80 % de los esfuerzos de Sunafil se concentra en trabajadores que ya son formales, por lo que proponen fortalecer las acciones de promoción de la formalización, especialmente en las micro y pequeñas empresas.
También plantean reducir la incertidumbre en la contratación y el despido, así como impulsar mecanismos que faciliten la incorporación de jóvenes al empleo formal sin recortar sus derechos laborales.
Entre las medidas propuestas figuran mejorar la plataforma Mi Carrera con información actualizada sobre salarios y empleabilidad, crear créditos educativos respaldados por garantías público-privadas, ampliar las becas para carreras prioritarias y promover la formación dual, que combina estudios con experiencia práctica en empresas.
Otra propuesta consiste en subsidiar la contratación formal de jóvenes de 18 a 25 años. Para Arequipa, la aplicación de estas medidas podría contribuir a mejorar la inserción laboral, siempre que responda a las necesidades productivas de la región y se acompañe de mecanismos efectivos de seguimiento y evaluación.
RESALTAR
El reto, concluye el diagnóstico, no consiste únicamente en generar más puestos de trabajo, sino en asegurar que sean formales, productivos y capaces de ofrecer ingresos suficientes y oportunidades de desarrollo, especialmente para quienes buscan incorporarse por primera vez al mercado laboral.


