Defensoría advierte carencias y falta de personal en centro juvenil Alfonso Ugarte

El centro juvenil Alfonso Ugarte de Arequipa presenta deficiencias de infraestructura y carece de suficiente personal especializado, lo que pone en cuestión las condiciones de rehabilitación de los adolescentes internados. Así lo advierte un informe de supervisión nacional de la Defensoría del Pueblo, que identificó carencias en las instalaciones y brechas en los servicios de atención.

El recinto, administrado por el Programa Nacional de Centros Juveniles (PRONACEJ) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, cuenta con cinco edificaciones distribuidas en un terreno de 10 218 metros cuadrados. La mayoría tiene varias décadas de antigüedad, con construcciones que datan de entre 1910 y 1990. Dos presentan paredes deterioradas y las cinco tienen pisos en estado regular. Además, ninguna cuenta con certificación de Inspección Técnica de Seguridad en Edificaciones (ITSE), aunque el informe no identifica riesgo de colapso.

A estas deficiencias se suma la sobreocupación. Al finalizar 2025, el centro albergaba a 96 adolescentes, seis más que las 90 plazas de su capacidad instalada, lo que representaba una ocupación del 106,7%. El establecimiento tenía 99 trabajadores, incluidos 24 agentes de seguridad, pero la evaluación identificó necesidades adicionales de personal en psicología, trabajo social y educación. El informe no precisa cuántos especialistas están disponibles en cada área, por lo que no es posible determinar la magnitud de estas brechas.

En el componente educativo, los adolescentes estudian principalmente mediante la modalidad de Educación Básica Alternativa (CEBA). El centro dispone de computadoras, proyectores y otros equipos operativos, además de talleres formativos y productivos. Sin embargo, el informe no precisa cuántos internos participan en estas actividades, cuántos culminan sus estudios ni qué resultados obtienen en su preparación laboral.

El tratamiento incluye planes individuales, supervisiones mensuales o trimestrales e intervenciones psicológicas individuales y grupales. Estas últimas comprenden terapias relacionadas con el consumo de drogas y alcohol, con una frecuencia semanal. La mayoría de los adolescentes se encuentra en el Programa II, denominado Preparación para el cambio. Pese a estas intervenciones, la evaluación también advierte la necesidad de incorporar más profesionales especializados.

En materia sanitaria, el establecimiento cuenta con un tópico o centro de salud y elabora historias clínicas y fichas de salud. También realiza evaluaciones físicas y tamizajes de VIH, tuberculosis e infecciones de transmisión sexual al ingreso. No obstante, no efectúa odontogramas. Aunque dispone de la mayoría de los medicamentos esenciales, presenta limitaciones en el abastecimiento de algunos antidiarreicos y analgésicos. Para la atención en salud mental, coordina con entidades estatales, pero el informe no detalla cuántos adolescentes reciben atención ni cuánto deben esperar para acceder a ella.

Las deficiencias del centro juvenil Alfonso Ugarte forman parte de un panorama nacional marcado por problemas similares. La Defensoría del Pueblo reportó una ocupación del 122,5% en los diez centros juveniles del país, además de carencias de infraestructura, brechas de personal especializado y limitaciones en el seguimiento de los adolescentes después de su egreso. También identificó dificultades para garantizar la participación de todos los internos en actividades educativas y talleres productivos, así como para medir los resultados de los programas de reinserción.

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