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PSICOANÁLISIS Y LITERATURA

Por: Willard Díaz
Un grupo de estudiantes de la Escuela de Literatura me pidió que les explicara brevemente sobre Psicocrítica. Les propuse responder mejor a sus preguntas, en concreto. Jugamos a eso, y resultó una conversación que me parece pertinente compartir aquí con mis lectores.
P. ¿Qué es la Psicocrítica?
R. Es una disciplina aplicada o una interdisciplina. Surge del cruce entre el Psicoanálisis y la Crítica literaria; es un tipo de crítica que emplea los recursos teóricos del Psicoanálisis y metodológicos de la Narratología para interpretar la literatura.
P. ¿Qué es lo que estudia?
R. Voy a ser sumamente esquemático. Hay por lo menos cuatro objetos que se pueden estudiar aplicando Psicoanálisis. Uno es el Autor, se analiza hasta donde es posible el inconsciente del autor, se busca los síntomas que lo llevan a expresarse en sus obras. Otro es el texto, que se lee como un discurso analítico, estructurado formalmente según algún deseo. Otro es el análisis del lector, que en sus preferencias de lectura reiteradas va prefigurando un síntoma; en lo que le da placer o le gusta leer o en lo que interpreta de la obra también pone en juego su inconsciente. Finalmente, hay un análisis del proceso creativo, de la producción de elementos fantásticos en la mente de los escritores en general.
P. ¿Y hay una metodología ya aceptada para hacer Psicocrítica?
R. No hay una, hay varias. Empezando por Freud, que hizo un análisis de la novela “La Gradiva”, de Jensen; y escribió “Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci”. Usó el método de la interpretación de los sueños, pero sobre todo es importante el que aplicó en su obra “El chiste y su relación con el inconsciente”. Una discípula suya, Marie Bonaparte, estudió varios cuentos de Poe. Luego viene Kris, que analizó “La risa”; Charles Mauron, a quien se considera el padre de la Psicocrítica; Margaret Mahler y Donald Winnicott, que tratan de explicar desde el psicoanálisis la creatividad y el origen del arte. Y por último a Lacan, que ha hecho los intentos más importantes por leer obras literarias en términos psicoanalíticos, como es el caso de su seminario sobre “La carta robada”, un cuento de Poe, su lectura de una novela de Marguerite Duras “El arrebato de Lol V. Stein”, y algo sobre James Joyce.
P. ¿En Sudamérica hay estudios de Psicocrítica?
R. Desde hace cincuenta años se está introduciendo el psicoanálisis en esta parte del mundo. Primero los argentinos y luego los venezolanos han producido tanto teoría como una práctica sustancial. En Perú tenemos los trabajos de Moises Lemlij sobre cultura, los de Hernández sobre indigenismo. Portocarrero también trató de usar Psicoanálisis en sus estudios de Sociología peruana. En Arequipa, hay un excelente libro psicocrítico de César Delgado sobre mestizaje en Garcilaso.
Pero entre nosotros casi todo está todavía por explorar, es campo virgen. De allí la importancia de estudiar bien psicoanálisis y trabajar en sus aplicaciones concretas.
P. ¿Haría usted un taller de psicocrítica?
R. Para enseñar un curso de Psicocrítica en la Escuela de Literatura de la Universidad de San Agustín pasé veinte años rompiéndome la cabeza con los textos analíticos, en especial los de Lacan. Guardo un bagaje de enseñanzas que podría transmitir. Tal vez abra un seminario o un taller de interpretación analítica de textos en base a los ejercicios que he desarrollado.
P. ¿Qué objeciones se puede hacer a la Psicocrítica? ¿Cuáles cree que son sus limitaciones?
R. La gran muralla de la Psicocrítica, así como de todas las ciencias sociales aplicadas al texto literario, sea Sociología de la Literatura, Psicología o Antropología, y en especial Educación, es la ficción.
Casi todos los abordajes de cuentos y novelas apuntan al lado más débil de la lectura, al contenido. Se analiza, se interpreta y se valoran las obras por las historias que cuentan. La forma cómo se cuentan es dejada de lado porque obstaculiza el trabajo. Los profesores de colegio solo enseñan a entender la historia a partir de un resumen ad hoc. De este modo, el cuento se vuelve “discurso” y como tal similar a cualquier otro discurso cultural. Se lee como mito, como un caso de Derecho, como un documento histórico o como ejemplo educativo, pero no como ficción.
P. ¿Y cuál es el problema?
R. El estatuto de la ficción es muy distinto que el de todos los demás discursos. La ficción no es referencial, no dice verdades reconocidas por todos, su verdad es nueva y surge de la forma, no del fondo del relato. Lo ficcional no puede ser reducido al significado del texto, es un juego imaginativo que surge de un delicado acuerdo implícito entre el autor y el lector por el cual ambos saben que el texto no es verdad pero hacen como si lo fuera. Si creo que el niño Ernesto es de algún modo aunque sea chiquito Arguedas, he roto el contrato ficcional, no leo más literatura y tomo “Los ríos profundos” como un reportaje novelado.
Eso pasa con la mayoría de trabajos de psicocrítica, incluso con Lacan. Leen las obras como ejemplos de aspectos de la teoría analítica o como discurso analítico o como confesión de algún tipo. El análisis sobre “La carta robada” es presentado como una demostración de lo bien pensadas que están las categorías lacanianas. Es la literatura puesta al servicio del psicoanálisis.
En rigor, creo que no existe —o no conozco— una poética lacaniana, lo cual no significa que no pueda existir. Creo que los aportes de la Escuela de Literatura de la San Marcos, que está tratando de cruzar Semiótica tensiva con Psicoanálisis, son prometedores. Los trabajos de Marcos Mondoñedo, de Juan Carlos Ubilluz, de Santiago López Maguiña están empezando a crear esa poética que dije. Los libros de Semiótica traducidos por Desiderio Blanco en la Universidad de Lima han sido un magnífico aporte en este sentido.
